jueves, 28 de julio de 2011

Modelos de la Realidad. Parte 1.5: Realismo dependiente de las creencias

La fe puede ser sucintamente definida como una creencia ilógica en que lo improbable sucederá.


Henry-Louis Mencken



Esta media parte de la entrada original se coloca entre la anterior del mismo tema y la que vendrá (la Parte 2) debido a dos sucesos. Uno es la masacre de Oslo y el otro es la publicación de este breve ensayo de Michael Shermer publicado en Scientific American, replicado en Skeptic y traducido aquí para la fiel audiencia. Así que sin más ni más, aquí el ensayo titulado "El cerebro creyente" (The Believing Brain).


¿Por qué la ciencia es la única manera de salir de la trampa del realismo dependiente de las creencias?


¿El presidente Barack Obama nació en Hawaii? Encuentro esta pregunta tan absurda, por no hablar de posiblemente racista en su motivación, que cuando me enfrento a los "birthers" que creen lo contrario, me parece todavía difícil centrarme aún en sus argumentos acerca de la diferencia entre un certificado de nacimiento y un certificado de de nacidos vivos (ver discusión y origen de esta controversia en Wikipedia, nota de KC). La razón es porque una vez que se formó una opinión sobre el tema, se convirtió en una creencia, objeto de una serie de sesgos cognitivos para asegurar su verosimilitud. ¿Estoy siendo irracional? Es posible. De hecho, así es como la mayoría de los sistemas de creencias funcionana para la mayoría de nosotros la mayor parte del tiempo.


Formamos nuestras creencias para una variedad de razones subjetivas, emocionales y psicológicos en el contexto de los entornos creados por la familia, amigos, compañeros de trabajo, la cultura y la sociedad en general. Después de la formación de nuestras creencias, a continuación, defendemos, justificamos y racionalizamos con una serie de razonamientos intelectuales, argumentos convincentes y explicaciones racionales. Las creencias son lo primero, las explicaciones de las creencias son después. En mi nuevo libro El Cerebro Creeyente (Holt, 2011), llamo a este proceso, en la cual nuestras percepciones acerca de la realidad dependen de las creencias que tenemos sobre él, realismo dependiente de las creencias. La realidad existe independientemente de la mente humana, pero nuestra comprensión de ella depende de las creencias que tenemos en un momento dado.


Elaboré un patrón del realismo dependiente de las creencias frente al realismo en función del modelo, presentado por los físicos Stephen Hawking y Leonard Mlodinow en su libro El Gran Diseño (Bantam Books, 2011). En el libro ellos argumentan que porque no hay un modelo adecuado para explicar la realidad, "no se puede decir que uno es más real que el otro." Cuando estos modelos se acoplan a las teorías, forman visiones completas del mundo.


Una vez que formamos creencias y compromisos con ellas, las mantenemos y reforzamos a través de una serie de poderosos sesgos cognitivos que distorsionan nuestras percepciones para adaptarlas a los conceptos de creencias. Entre ellos se encuentran:


SESGO DE ANCLAJE: confiar demasiado en el anclaje de una referencia o pieza de información para tomar decisiones.


SESGO DE AUTORIDAD: valorar las opiniones de una autoridad, sobre todo en la evaluación de algo de lo que que sabemos muy poco.


SESGO DE CREENCIA: evaluar la fuerza de un argumento basado en la credibilidad de su conclusión.


SESGO DE CONFIRMACIÓN: buscar y encontrar evidencias confirmantes en apoyo de las creencias ya existentes e ignorando o reinterpretando evidencias refutatorias.


En la parte superior de todos estos sesgos, está el sesgo de grupo, en el que damos más valor a las creencias de aquellos a los que percibimos como los miembros de nuestro grupo, y menos en las creencias de los miembros de grupos diferentes. Este es el resultado de nuestro cerebro tribal evolucionado que nos lleva no sólo a otro juicio de valor sobre tales creencias, sino también para demonizar y despedir como sin sentido o mal, o ambas cosas.


El realismo que depende de las creencias es impulsado aún más por un meta sesgo llamado sesgo de punto ciego, o la tendencia a reconocer el poder de los sesgos cognitivos de otras personas, pero cerrar los ojos a su influencia en nuestras propias creencias. Incluso los científicos no son inmunes a este sesgo, y están sujetos al sesgo del experimentador, las expectativas, o la tendencia de los observadores de observar, seleccionar y publicar los datos que van de acuerdo con sus expectativas para el resultado de un experimento y no hacer caso, descartar o no creer los datos que no lo están.


Esta dependencia de las creencias y su multitud de sesgos psicológicos es por lo que, en la ciencia, hemos incorporado la maquinaria de la auto-corrección. Controles estrictos de doble ciego son necesarios, en los que ni los sujetos ni los experimentadores conocen las condiciones durante la recolección de datos. La colaboración con los colegas es vital. Los resultados son examinados en conferencias y revistas. La investigación se replica en otros laboratorios. Evidenacias refutatorias e interpretaciones contradictorias de los datos se incluyen en el análisis. Si no buscas datos y argumentos en contra de tu teoría, alguien más lo hará, por lo general con gran alegría y en un foro público. Por esta razón, el escepticismo es una condición sine qua non de la ciencia, la única salida que tenemos para la trampa del realismo dependiente de las creencias, creada por nuestro cerebro creyente.


Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, www.skeptic.com

martes, 26 de julio de 2011

Mediocridad y no obtener buenos resultados ¿Es lo que deseamos?

En esta vida algunos hombres nacen mediocres, otros logran mediocridad y a otros la mediocridad les cae encima.


Joseph Heller



No cabe duda de que las noticias que en este mi México se dan aparentemente aisladas, pueden tener un común denominador que las hace ver más coherentes y consistentes con el odioso "mecsican güey of laif".


La primera noticia que llamó mi atención es esta en la que se nos informa que el 78.5 por ciento de los 139,445 docentes que participaron en el concurso nacional para obtener una plaza obtuvo una calificación equivalente a la reprobación (ver nota informativa). Lo que dice la Secretaría de Educación Pública es que las plazas se otorgan a los mejores aspirantes en orden de prelación de mayor a menor (ver página de la SEP). Esto último está bien, pero la pregunta obligada es ¿Cuantas plazas había y cuantos maestros obtuvieron una calificación siquiera por encima del 60% de aciertos en ese examen? La misma SEP divide el total de resultados en 10 categorías que van desde el 31.25% de aciertos (supongo que es el resultádo más bajo) hasta el 96.25% (supongo que es el resultado más alto). Si consideramos los 5 intervalos más altos (del 62.6% al 96.25%), sólo tenemos el 30.51% de los casi 140,000 docentes obtuvieron esas calificaciones. El 69.49% obtuvo por debajo del 62.6% de aciertos (Ver documento PDF de este resultado).


Esto es decepcionante. Es decir, para que tengamos una idea del nivel de conocimientos de estos "aspirantes" a ocupar plazas docentes en la SEP, el promedio de aciertos de los 139,445 aplicantes fue del 55.9%. Poquito por encima de la mitad. 50%, mitad, medio, mediocre.


La otra noticia que me llamó la atención fue la de que los estudiantes que no fueron aceptados en las Universidades protestaron frente al edificio del Senado. No tengo los datos de los resultados que estos rechazados obtuvieron esn sus respectivos exámenes de admisión, pero el mensaje es claro: De acuerdo con la nota uno de los lemas recurrentes de la manifestación era "Educación primero al hijo del obrero, educación después al hijo del burgués".


Y yo me pregunto ¿qué tiene que ver el ser hijo de obrero o de burgués para que le den acceso a las universidades públicas? Yo creo que no se trata del estrato económico origen de estos alumnos, de lo que se trata es que no obtuvieron las calificaciónes más altas en el examen de admisión para ingresar a la carrera que deseaban estudiar. Y esto no es nuevo. Desde la década de 1970, los estudiantes de la "Preparatoria Popular de Tacuba" exigían el pase automático a la UNAM una vez concluidos sus estudios en esa institucuón. El significado principal de esa escuela era "Todos entran, todos salen", refiriéndose a que todos los aspirantes podían ingresar a esas aulas y al concluir todos tenían lugar en la UNAM.


Cuestiones socioeconómicas aparte, lo que a mi juicio une ambas notas es una actividad que pocas veces reconocemos, como mexicanos, ser de las más importantes en la vida nacional: la búsqueda de la mediocridad como estandar nacional de educación. Tanto por el lado de los maestros como por el lado de los alumnos, no interesa a nuestro pueblo elevar su nivel de educación. Así como tampoco interesa tomar parte activa en las decisiones nacionales, o en la evaluación del desempeño de servidores públicos, funcionarios y representantes populares. Lo que al parecer importa es tener la oportunidad, algún día, de que alguna "palanca" nos impulse para ocupar un puesto para el que no estamos calificados, o nos pongan donde "hay" para tomar y repartir, o nos beneficien con alguna pensión vitalicia.

Y la tercera nota que pareciera estar desvinculada es la que presenta la versión digital de Milenio, relacionada con el resultado de una encuesta de Mitofsky, levantada a nivel nacional a unas mil personas, en la que se observa que el contacto con la ilegalidad cotidiana no sólo es problema de las autoridades sino también de los ciudadanos que recibieron y comparten valores con el resto de la población.


El documento revela que el 17 por ciento de las personas entrevistadas considera que no hay violaciones a la ley al “tirar basura en la calle”, además, el 16 por ciento aseguró que comprar piratería no es un delito y, finalmente, el 10 por ciento piensa que no transgrede la ley al “dar una mordida a un policía”. La muestra, también dejó ver que el 32 por ciento de los mexicanos dice que nunca viola la ley, pero ese porcentaje baja hasta 18 por ciento después de leerle algunas de las posibles violaciones que se pueden cometer.


Pero mi adivinanza educada es que si la encuesta hubiese sido no sobre la ilegalidad en general sino sobre el modo de obtener educación, los resultados hubiesen sido muy similares. Y esto hubiese sido un poco la comprobación del síndrome del cangrejo nacional, en el que la mediocridad evita el dolor de sobresalir.

¿Qué nos pasa como sociedad? ¿Acaso nacimos mediocres, o hemos apenas alcanzado la mediocridad, o de plano ésta nos cayó encima? Las evidencias abrumadoras muestran que el problema es grave, pero también muestran que, aunque generalizado, el mal no es un asunto de raza, de geografía o de "sistema". Aún después de todo los mexicanos podemos destacar. Me decepciona saber que la calificación promedio de los aspirantes a plazas de maestros de la SEP es de poco más de 5, o que los estudiantes rechazados en lugar de prepararse para un nuevo examen, se dediquen a presionar a las autoridades para obtener más lugares en las universidades públicas. Pero me enorgullece saber que algunos desarrollos e inventos geniales son obrade mexicanos. Algunos ejemplos:


Proyecto GNOME (GNU Network Model Environment): Surgió en agosto de 1997 como un entorno de desarrollo gráfico para sistemas operativos Unix/Linux, compuesto de software libre, creación de los Mexicanos Miguel de Icaza y Federico Mena.


Google y Oracle: El profesor mexicano de la universidad de Stanford, Héctor García Molina fue quien asesoró y coordinó la tesis doctoral de los entonces estudiantes y fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, y también es asesor de Yahoo!.


Tecnología Book on demand: Victor Celorio inventó una nueva imprenta rápida llamada Instabook, que edita un libro en 17 segundos, donde se puede escoger el diseño más adecuado y hasta los escritores sin editor pueden imprimir sus copias.


Así que ejemplos hay, y aquí sólo he ennumerado tres. Pero si buscamos de seguro encontramos los moldes del nuevo mexicano a seguir, a replicar, a fomentar. No hay que bajar la guardia, no hay que culpar a los gringos, a los gachupines, a los diputados, senadores, gobernadores, políticos y toda esa fauna y flora del inconsciente nacional que sólo nos sirve de "bote de despojo de culpa".


Lo que hay que hacer es asumir nuestra responsabilidad histórica y abandonar la mediocridad como paradigma de vida. 

Imagen de entrada: Botón de fácil acceso a la mediocridad.

lunes, 18 de julio de 2011

Historia, Mayas y conceptos erróneos, con miras al 2012

Toda historia no es otra cosa que una infinita catástrofe de la cual intentamos salir lo mejor posible.


Italo Calvino



¿Dónde fueron a parar los mayas? La pregunta anterior fue planteada como un nuevo tema de discusión por el forisa Ángel Rodríguez, acicateado por haber visto un documental del History Channel por la TV. Pero como ocurre con la gente que sólo ve la TV para enterarse del mundo, la concepción que expone Ángel después de medio ver el programa sobre los Mayas es errónea en varios puntos que ahora aclaro:


En el cuerpo de su comentario se menciona esta frase: "Tenía sintonizado el Canal de Historia y estaban echando un documental que trataba de esclarecer las causas de la desaparición misteriosa de los mayas, desaparición que trae de cabeza a muchas personas, entre ellas yo".


La premisa que yace en esta frase es falsa, porque los Mayas no desaparecieron. Hay un evidente sesgo al suponer que al terminar una civilización, también desaparece la gente o el pueblo. Es como suponer que los pobladores de Grecia desaparecieron porque la civilización de los antiguos Griegos no pudo continuar.


Desde mi punto de vista, la diferencia en este caso es la típica incomprensión occidental sobre lo que pasaba en estas tierras a la llegada de los españoles, allá por finales del siglo XV. El primer mestizaje entre españoles y nativos de lo que hoy es México se dio precisamente con mayas.


Los principales cacicazgos que se establecieron en el actual Quintana Roo, fueron: Ekab, Chauac-Há, Tazes y Cupules, en el norte y el centro; y la mayor parte de Cochuah e íntegro Chactemal (Chetumal), en el sur. Este se extendía desde el Mar Caribe hasta los límites del Petén Itzá. Bajo este régimen surgió el primer mestizaje maya - español: en 1511, al naufragar el barco de Pedro de Valdivia en los arrecifes de Víboras, frente a la isla de Jamaica, varios hombres, a bordo de una pequeña barca, recalaron en las costas mexicanas del Caribe; la mayoría fueron muertos y los sobrevivientes, Gonzalo Guerrero y Gerónimo de Aguilar, llevados ante Nachancán, cacique de Chactemal. Gonzalo Guerrero se adaptó a las costumbres de los mayas, casó con la hija del jefe, tuvo de ella tres hijos y los indios lo tenían por capitán cuando hacían la guerra; Jerónimo Aguilar fue encontrado por Hernán Cortés en 1519, se convirtió en una de las dos "lenguas" (intérprete) de la conquista y fue portador de una carta de Cortés para Guerrero, invitándolo a unirse a la expedición, pero el marinero español rechazó la oferta.


De haber desaparecido el pueblo Maya, este encuentro sería sólo obra de la fantasía.


Otra inexactitud de las apreciaciones de don Ángel Rodríguez sobre este tema está en su frase "...me he preguntado yo también cuál podría haber sido la causa que provocó la desaparición prácticamente repentina de esta civilización antigua prehispánica".


La civilización Maya no terminó abruptamente. Las ruinas de sus ciudades, dispersas por todo el sureste de México, Belice y Guatemala, atestiguan que tuvieron varios períodos después de los cuales abandonaban sus ciudades para migrar a otras regiones.


Cierto es que a la llegada de los españoles, el pueblo maya YA NO tenía el esplendor que pudo haber tenido de haber seguido vigente su civilización. Los vestigios de estos pobladores del actual México y otros países de Centroamérica no podían continuar con la civilización Maya porque pertenecían a las clases bajas de esa sociedad. Incultos y sin forma de comprender el significado de la escritura y numeración Maya, no tuvieron alternativa más que continuar siendo dominados (antes de los españoles, por los Aztecas, y después de los españoles por el Partido Revolucionario Institucional).


Aún ahora es posible constatar (con cierta tristeza) que la gente nativa de estas tierras, en su gran mayoría se ocupa en labores de mano de obra pocas veces calificada. En una muestra de equipos de trabajo para hotelería de la zona de Cancún (donde ahora habito), los peones normalmente son gente nativa de los alrededores. Los técnicos (o especialistas en algún oficio) provienen de otras regiones (Tabasco, Chiapas, Guerrero, etc.). La gente profesional en su gran mayoría proviene del centro y norte de la república (Cd. de México, Monterrey, etc.).


El 80 por ciento de los actuales Mayas vive por debajo de la línea de pobreza. Mantienen ancestrales tradiciones, como por ejemplo la división familiar del trabajo. Los hombres cultivan la tierra y comercian, mientras que las mujeres tejen los trajes típicos y elaboran artesanías de barro para uso doméstico y para la venta turística.


Los Mayas no desaparecieron. Siguen aquí. La civilización fue lo que desapareció. Las causas pueden ser variadas, pero de seguro nadie los raptó de esta tierra. Incluso hay una estación local de radio en FM que procura dar sus anuncios en el dialecto maya (Turquesa FM).


Coincido con el escrito que comparte Ángel en el sentido de esta frase:


...los mayas, después de todo, no eran tan listos, tan sabios como nos los presentan.


En efecto, los Mayas padecieron quizás los mismos vicios que cualquier civilización floreciente: excesos de poder, religión asfixiante, esclavitud, injustos sistemas de clases y castas y otros defectos derivados de la acumulación de riquezas y de la proliferación de prejuicios raciales, religiosos y geográficos. De haber sido verdaderamente sabios no hubiesen dejado que su civilización desapareciese. Haber permitido que gran parte de su pueblo fuese ignorante los marcó para las futuras generaciones.


El que me presenten a los Mayas como capaces de "predecir" el fin del mundo en forma tan exacta como tanto se ha dicho no deja de parecerme fantasioso en extremo (por decir un eufemismo).


Lo mismo que le faltaba a la base del pueblo Maya en ese entonces, aún les hace falta hoy: Educación y deseos de salir del estado de postración en que se encuentran.


Sólo un dato. La escuela de medicina más cercana a Cancún (Quintana Roo) se encuentra en Mérida (Yucatán), a unos 350 km al poniente. Pero Cancún como ciudad tiene el mayor número de "Porsches per cápita" en México.


Imagen de entrada desde Observador Global.com

miércoles, 13 de julio de 2011

Modelos de la Realidad, o cómo entendemos el Universo. Parte 1

Sería muy simpático que existiera dios, que hubiese creado el mundo y fuese una benevolente providencia; que existieran un orden moral en el universo y una vida futura; pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que nosotros nos sentimos obligados a desear que exista.


Sigmund Freud



Después de una breve sequía de entradas en el blog, que también estuvo acompañada de otra temporada similar sin comprar nuevos libros, la reciente adquisicion del libro de Stephen Hawking (y Leonard Mlodinow) titulado "El Gran Diseño", me ha impulsado a invocar la lluvia de ideas inspiradas en la lectura de esta obra.


También me han inspirado las respuestas que se han recibido en la entrada dedicada a la definición de realidad que he publicado en el Blog de MENSA en México. Si bien no han sido muchas, la discusión sobre si vivimos una ilusión que engaña nuestra percepción (al puro estilo Matrix) me ha hecho reflexionar aún más sobre este tema. En la entrada referida no hice mención de cómo es que podemos interpretar la realidad, así que ahora, acicateado por Stephen y mis críticos, me he decidido a escribir sobre este asunto.


Para empezar, afirmo que hay una realidad que no depende de nuestra percepción para existir. Afirmo también que los humanos somos capaces de entender esa realidad y que lo hacemos mediante modelos que nos permiten crear imágenes mentales de ella.


La primera parte de la afirmación anterior se ha explicado en la entrada referida. La segunda parte es el tema de esta entrada, así que manos al teclado. Para continuar citaré a Hawking, quien nos dice en El Gran Diseño (capítulo 3, ¿Qué es la Realidad?) que una conclusión a la que se llega en este libro es:


No hay imagen - ni teoría - independiente del concepto de realidad.


Para esta conclusión, el buen Stephen adopta la perspectiva denominada realismo dependiente del modelo: la idea de que una teoría física o una imagen del mundo es un modelo (generalmente de naturaleza matemática) y un conjunto de reglas que relacionan los elementos del modelo con las observaciones.


Esta perspectiva abandona un poco el realismo macroscópico cotidiano al que los humanos estamos acostumbrados para dar cabida a los fenómenos que suceden en escalas muy pequeñas. En estas escalas, es prácticamente imposible determinar con exactitud las características de una partícula, digamos las del electrón. El electrón mostrará características de onda si escogemos un modelo que lo describa como un fenómeno ondulatorio y lo ponemos a prueba mediante experimentación. Pero el electrón mostrará características de partícula si escogemos un modelo que lo describa como un fenómeno corpuscular.


En cualquiera de ambos modelos, uno parte del concepto de que el electrón está ahí, independiente del modelo que lo describa, pero cuyas características se mostrarán de acuerdo con el modelo seleccionado. ¿Alguno de estos dos modelos es real? La respuesta es que no lo sabemos con certeza, y la perspectiva del realismo dependiente del modelo lo único que exige del modelo es que concuerde con las observaciones (aclarando que estas observaciones tendrían que ser independientes, por observadores independientes).


Así que ¿Cual sería el mejor modelo para describir esa realidad que está allí, en nuestro universo? La ciencia ha escogido a lo largo de la historia varios modelos que describen con éxito las observaciones, y eso hace de esta actividad humana la más consistente de todas. La religión, por otro lado, también elabora modelos para entender la realidad, pero es bastante inconsistente a la hora de describir fenómenos como deidad, inmortalidad, alma, etc. Un modelo al estilo Matrix también resulta inconsistente, pues si viviésemos en un mundo imaginario sintético, los acontecimientos no tendrían por qué tener lógica ni consistencia algunas, ni obedecer leyes.


Es claro que no podemos eliminar al observador de nuestra percepción del universo, pero eso es algo que no impide que podamos elaborar modelos consistentes con las observaciones.


Alguna vez un compañero de trabajo me preguntó mientras comíamos sentados alrededor de una mesa del comedor de la institución para la que trabajábamos ¿cómo sabes que esa silla en la que estás sentado no es producto de tu imaginación? Yo le respondí que podríamos hacer un experimento sencillo consistente en que yo tomaría la silla y se la azotaría en la espalda. Si él se quejaba de dolor entonces la silla era real y no producto de mi imaginación. Podríamos repetir este experimento unas 100 veces (suponiendo que la silla no se desarmase antes de terminar), y mi hipótesis es que si la silla es real, 100 de 100 veces el sillazo le dolería a mi compañero.


De acuerdo al realismo dependiente del modelo, el modelo en que la silla sigue existiendo (aún después y a pesar de las plegarias de mi compañero suplicando en cada intento que la silla fuese imaginaria) da una explicación mucho más simple y concuerda con la observación. Y eso sería todo lo que le pediríamos.


Termino esta primera parte de la entrada con las características que un modelo debe tener para ser satisfactorio:


  1. Es elegante.
  2. Contiene pocos elementos arbitrarios o ajustables.
  3. Concuerda con las observaciones existentes y proporciona una explicación de ellas.
  4. Realiza predicciones detalladas sobre observaciones futuras que permitirán refutar o falsar el modelo si no son confirmadas.


Los modelos de la ciencia procuran cumplir con estas cuatro características. Otros modelos, como los que pretenden explicar los sismos en nuestra Tierra utilizando las "alineaciones" de un asteroide recién descubierto o como los que describen deidades omnipotentes, no pueden ser puestos a prueba y sólo exigen la fe de quienes tienen acceso a ellos.

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