martes, 7 de diciembre de 2010

Cotidiana falta de lógica

Hay tres cosas que jamas he podido comprender: el flujo y reflujo de las mareas, el mecanismo social y la lógica femenina.


Jean Cocteau



En la cotidianeidad de los días, muchas veces actuamos como si las cosas fuesen siempre dadas, siempre sabidas, siempre entendidas. Las formas que escogemos para comunicarnos muchas veces dan por sentado que con quien deseamos comunicarnos sabe a la perfección cómo elaboramos en nuestra mente los pensamientos que dan origen a las palabras y gestos que expresamos con este poropósito. Y es que con suma facilidad nos olvidamos de la lógica (y por ende la efectividad) para dar preponderancia a la eficiencia (supuestamente mismo contenido con menos palabras, en menos tiempo) en la comunicación.


Quiero en esta entrada mencionar dos casos que recientemente me pasaron con personas con quien convivo el día a día: Un compañero de trabajo con fuerte acento quintanarrooense y mi propia esposa.


En el primer caso, la situación que dió lugar al ejemplo ilógico fue la siguiente. Este compañero debía instalar una bomba de recirculación en un ingenio novedoso para calentar agua en grandes cantidades. El ingeniero de mantenimiento del sitio había dado algunas instrucciones para la puesta en marcha de este ingenio y yo debía supervisar que mi personal hiciera lo correcto. para no interferir con la operación A veces tenemos contacto con otro supervisor dedicado a equipos de aire acondicionado cuyo nombre es Abel. Explico esto porque estas dos situaciones se mezclaron para dar lugar al malentendido que describo ahora.


Llegué temprano a supervisar la instalación de la bomba y mi compañero (el del fuerte acento quintanarrooense) trató de explicarme las instrucciones que había recibido. Más o menos estas fueron las palabras que escuché:


El ingeniero (de mantenimiento) nos dijo que la bomba debía tomar agua directamente del depósito, pero luego vino Abel y nos dijo que el agua debía venir del cuarto de máquinas.


Para mí no tenía mucho sentido que el supervisor de aire acondicionado nos dijera cómo instalar una bomba de recirculación para calentamiento de agua. aunque la instucción por sí misma tenía suficiente sentido A veces así pasa que gente con conocimiento de las instalaciones sugiere algún cambio para mejorar el desempeño de los equipos, aunque no sea dentro del ámbito de su competencia. Pero poco después me encontré con Abel y le pregunté sobre el motivo por el cual había cambiado la instrucción respecto a la toma de agua de recirculación. Sumamente extrañado me comentó que no había hecho tal cosa.


Su respuesta ciertamente me dejó perplejo pero debía reconocer que estaba acorde con las divisiones de trabajo establecidas: Abel no había dado instrucciones respecto a las bombas de recirculación pues su especialidad es aire acondicionado. Entonces ¿cómo es que mi compañero me había dicho tal cosa sobre Abel? Después de hacer varias indagaciones más, llegué a la conclusión que lo que me había dicho era:


El ingeniero nos dijo que la bomba debía tomar agua directamente del depósito, pero luego vino a ver y nos dijo que el agua debía venir del cuarto de máquinas.


Lo que mi compañero quería comunicarme era que el ingeniero había dado una instrucción pero que la había cambiado al ver que resultaba mejor o más rápido tomar el agua del cuarto de máquinas y no del depósito, como originalmente se habia contemplado. Identifiqué dos razones que originaron la confusión. A ver y Abel se proncuncian casi igual con acento quintanarroense, pero pude haber notado la diferencia aún con el handicap del acento en contra si mi compañero me hubiese dicho algo así como:


El ingeniero primero nos dijo que la bomba debía tomar agua directamente del depósito, pero luego vino a ver la instalación y decidió que era mejor tomar el agua del cuarto de máquinas.


Es decir, si hubiese aclarado que eran dos instrucciones de la misma persona yo no hubiese pensado que eran instrucciones de personas diferentes. Unas cuantas palabras más (como primero e instalación) hubiesen hecho la diferencia. Pero como decía al inicio, muchas veces damos por sentado que con nuestra forma particular de hablar y comunicarnos, los demás entenderán. Incluso que sabrán lo que está en nuestra mente.


Y esa última reflexión me lleva al segundo ejemplo ilógico. Y al publicarla me arriesgo demasiado (Risas).


El domingo pasado estaba en casa descansando de las morlopas del sopor cuando oí un fuerte ruido que provenía de la cocina. Allí se encontraba mi esposa, así que le pregunté con voz fuerte si había tenido un accidente y si estaba bien. Su respuesta fue algo así como:


Es que el estante de la zona de lavado estaba flojo.


Curiosa respuesta porque no le pregunté la causa del ruido sino si había tenido un accidente y si había recibido golpes o algún otro tipo de daño. Es decir, mi pregunta se enfocaba al estado de su persona y no al de las cosas de la zona de lavado (contigua a la cocina). Una vez más, a veces la mente humana quiere ir aprisa para decir mucho en poco tiempo. Pero falla al no enfocarse en la información que es la relevante en el momento preciso.

Yo pienso que mi esposa quería decirme que algo del estante se habría caido, provocando semejante ruido, pero que no había tenido consecuencias graves. Claro, esto ella lo sabía porque estaba en el lugar de los hechos. Yo sólo había escuchado el ruido pero no podía saber si ella se encontraba bien y sin daño alguno. Quizás si hubiese dicho lo siguiente no me hubiese levantado  de mi plácido y bloguero descanso dominical para constatar su estado:

Estoy bien, no me pasó nada, pero la caja de herramientas se cayó debido a que el estante de la zona de lavado estaba flojo.

Sí, lo sé, son más palabras, pero no se trata de exigir que todos reciten los salmos de la biblia, ni las azoras del corán,  ni los versos satánicos de Rushdie cada vez que se les solicita información relevante, sino de tratar de ponerse en la situación del solicitante de esa información para imprimir más lógica de acuerdo con la situación específica.

En ambos casos la lógica de la comunicación sufrió pérdidas. No graves, también lo sé, pero ciertamente peculiares porque en ambos casos hubo necesidad de corroborar los contenidos reales sin necesidad. Lo positivo del asunto es que dieron pie a la publicación de esta entrada.

3 comentarios:

JRPB dijo...

Interesante entrada. En mi antiguo empleo, mis compañeros canadienses se morían de risa cuando les preguntaban: "¿Y tu que opinas?"

Conforme se deteroria nuestro oido (por la edad) el cerebro hace sus ajustes para poder extraer conclusiones con menos información de la que solía tener. ¿Cómo dice el dicho? El sordo no escucha pero compone (???). Igual es risible la convivencia entre gente que habla el mismo idioma pero que lo aprendió en regiones distintas.

En Venezuela, un correo no se manda, se envía.

¡Saludos!

TheJab dijo...

Bueno, para cuando anotaste (Risas) yo ya había estallado en una carcajada por lo de "a ver-Abel".

Por cierto, me diste idea para un post...

Ribozyme dijo...

El problema de comunicación con las mujeres se ilustra perfectamente en este comercial de Tecate:

http://www.youtube.com/watch?v=j8okmUx6GFQ

Por otro lado, al lidiar con trabajadores manuales, debe uno darse de santos por que puedan producir frases coherentes. Yo me doy de santos así con mis alumnos universitarios.

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