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jueves, 8 de abril de 2010

Una muy esperada buena noticia: EE UU y Rusia firman nuevo tratado de armas nucleares


Después de saber cuándo debemos aprovechar una oportunidad, lo más importante es saber cuándo debemos renunciar a una ventaja.


Benjamin Disraeli



En tiempos modernos, una de las más grandes amenazas para la vida humana en el planeta (y en general para la vida del planeta) era la existencia de cantidades ridículamente grandes de armas nucleares de destrucción masiva en los países más poderosos: los EE UU y Rusia.


Estos antiguos adversarios de lo que se conoció como Guerra Fría, acumularon tal cantidad de armas nucleares que había una capacidad sobrada para matar a todos los seres humanos de la tierra varias veces, concepto conocido como "overkill" que ya analizamos en este espacio hace ya algún tiempo. Y lo hicieron como una medida para desalentar al otro para ser el primero en atacar. Un tanto como "si me atacas primero, responderé con tanta fuerza que te destruiré completamente, aun antes de que tus misiles se asomen a nuestros blancos".


Bonita manera de disuadirse mutuamente, digo yo. Poner a todo el planeta como rehén de los caprichos (o mejor dicho, de la suspensión forzada de los caprichos) bélicos de las super potencias no era la manera más civilizada de mantener la paz entre ellas.


Pero así vivimos esa época de precaria paz y así la superamos: sin una sola arma nuclear utilizada en un ataque, desde Hiroshima y Nagasaki hasta nuestros días.


Hoy sale a la luz la noticia de que con fanfarrias y flores el presidente Obama y el presidente Dmitri A. Medvedev de Rusia firmaron en Praga un tratado de control de armamentos nucleares y abrió que lo se espera sea una nueva era en la tumultuosa relación entre ambos países.


Reunidos en el corazón de la alguna vez dividida Europa, los dos líderes hicieron a un lado la acritud que ha caracterizado las relaciones ruso-estadounidenses en los últimos años, accediendo a establecer un acuerdo para reducir sus arsenales y restaurar un régimen de inspección, que expiró en diciembre pasado. En el camino, eludieron los conflictos no resueltos sobre la defensa antimisiles y otros temas.


Si bien el tratado ordena sólo modestas reducciones en los arsenales reales mantenidos por los dos países, proporciona un giro en las relaciones con Moscú que se habían hundido en agosto de 2008, durante la guerra entre Rusia y su pequeño vecino del sur, Georgia. Cuando llegó a la Casa Blanca, el Sr. Obama hizo prioritaria la restauración de la relación entre ambos países, un objetivo que coincide con su visión expresada hace un año para librar al mundo de las armas nucleares.


A pesar de que los dos presidentes aceptaron el tratado, sin embargo no encontraron un terreno común sobre los planes estadounidenses de construir un escudo antimisiles en Europa para contrarrestar cualquier amenaza iraní. Obama rechazó las demandas de Rusia para incluir límites en materia de defensa de misiles en el tratado, casi echando a pique el acuerdo.


El tratado, si es ratificado por los legisladores en ambos países, requeriría que cada uno mantuviese un máximo de 1,550 ojivas estratégicas, frente a las 2,200 permitidas en el Tratado de Moscú firmado por el presidente George W. Bush en 2002. Cada país se limitará a mantener 800 bases lanzamisiles en tierra, aire y en el mar - 700 de los cuales se pueden desplegar en un momento dado - por debajo de los 1,600 permitidas en virtud del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas de 1991, conocido como START.


Lo más importante es que el tratado vuelve a establecer un régimen de inspecciones que había caducado, junto con START en diciembre pasado y trae de vuelta a los dos países dentro de un marco legal después de años de tensión. Además, ambas partes esperan usarlo como base para una nueva ronda de negociaciones que podrían llevar a reducciones mucho más profundas que abarquen las armas almacenadas u ojivas tácticas.


Aun falta mucho para tener un mundo libre de armas atómicas. Por ello es importante divulgar los avances en este tema, para que las generaciones actuales y futuras no olviden que:


  1. Aun pende una amenaza de destrucción mientras no se eliminen los arsenales nucleares.
  2. Las naciones y sus dirigentes realmente pueden llegar a acuerdos para eliminar esta amenaza
  3. La presión social sobre los gobiernos es de suma importancia para lograr esa meta.




Fotografía por Doug Mills/The New York Times

jueves, 9 de abril de 2009

La visión de Obama sobre armamento nuclear

Para hacer la paz se necesitan dos; pero para hacer la guerra basta con uno sólo.

Arthur Neville Chamberlain

Desde Nature
Por Declan Butler
Traducción: KC


El presidente de los EE.UU. extiende el compromiso norteamericano para la reducción de armas nucleares.

La cumbre de Reikiavik en 1986, entre Ronald Reagan y Mikhail Gorbachev, marcó un punto de inflexión en la historia de la carrera de armamentos nucleares entre las dos superpotencias, con posteriores debates que llevaron a una reducción sin precedentes en sus arsenales nucleares. El ambicioso discurso sobre el desarme que el Presidente Barack Obama emitió en Praga el 5 de abril puede ser un hito similar en el camino a su objetivo declarado de "un mundo sin armas nucleares".

"Si su administración puede lograr la mitad de esto, veremos en el futoro este como un discurso histórico", dice Jessica Tuchman Mathews, presidente de la Dotación Carnegie para la Paz Internacional en Washington DC. Pavel Podvig, un experto en asuntos nucleares de Rusia en el Centro Internacional para la Seguridad y la Cooperación en la Universidad de Stanford en California, añade que "es un gran compromiso y un muy buen comienzo, pero dependerá en gran medida de las características específicas de implementación".

Los elementos clave del discurso de Obama fueron la reducción de las armas; la ratificación de del Tratado de Prohibición de Ensayos Nucleares; nuevas facultades de inspección y control internacional de combustible nuclear civil; controles sobre la producción de materiales con categoría para armas; nuevos esfuerzos para limitar los materiales nucleares no controlados; y nuevas actitudes militares. ¿Cuáles son las perspectivas y los obstáculos, frente a cada una de estas aspiraciones?

• Un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START), que se ampliaría para incluir a todos los Estados poseedores de armas nucleares. Los debates Rekjavik llevaron en 1991 a la firma del tratado START I, que limitó los arsenales de los Estados Unidos y Rusia a 6,000 ojivas estratégicas y 1,600 sistemas de lanzamiento. Pero este tratado, dramático en su momento, expira en diciembre y los tratados sucesores, nunca fueron ratificados.

Obama y su homólogo ruso Dmitry Medvedev dicen que discutirán un nuevo Tratado START antes de que finalice el año; se informa que incluirá el adelgazamiento de los arsenales a 1,500 ojivas estratégicas, y más tarde a sólo 1,000, al mismo tiempo reducir a la mitad el número de misiles y bombarderos que los pueden acarrear. En cuanto a las otras potencias nucleares reconocidas, el Reino Unido ha dicho este mes que está abierto a las discusiones multilaterales, pero Francia no ha hecho ninguna declaración similar, aunque ha anunciado recortes unilaterales. China ha reclamado históricamente a favor de la reducción a cero, siempre y cuando los Estados Unidos y Rusia actúen en un compromiso similar.

Las nuevas negociaciones bilaterales del Tratado START se llevarán a cabo en un contexto de continua acritud hacia las propuestas de EE.UU. sobre un escudo de misiles defensivos en Europa. "Cualquier discusión con Rusia tendría que empezar con una retirada de armas nucleares de EE.UU. en Europa", dice Podvig, un movimiento que sería polémico dentro de la OTAN. Pero tanto los Estados Unidos y Rusia son expertos en la complejidad de los tratados de desarme y, habida cuenta de la voluntad política, un tratado sobre estas líneas parece muy posible.

• Ratificación de los EE.UU. del Tratado de Prohibición de Ensayos Nucleares (CTBT). Desde que se firmó en 1996, 148 Estados han ratificado el Tratado, los Estados Unidos y China son los únicos Estados reconocidos en materia de armas nucleares que no lo han hecho. El Senado de los EE.UU. rechazó la ratificación del Tratado en 1999, pero algunas preocupaciones técnicas expresadas entonces se han aliviado. En términos de la verificabilidad, la red de vigilancia sísmica en todo el mundo ha demostrado ser capaz de detectar explosiones con menos de una décima parte del tamaño de la explosión de Hiroshima, y se ha avanzado en el monitoreo atmosférico de firmas de "pistola humeante" constituídas por gases nobles y otros radionucleidos. El programa de "gestión de existencias" encaminado a garantizar la integridad de armas de los EE.UU. sin necesidad de ensayos nucleares hasta la fecha parece haber sido un gran éxito.

Las Academias Nacionales de los EE.UU., que lanzaron su peso detrás del CTBT en un informe de 2002, presidido por John Holdren, ahora asesor de ciencia de Obama, son uno de los muchos órganos influyentes de EE.UU. que apoyan la ratificación. Prominentes estadistas norteamericanos, entre ellos George Shultz y Henry Kissinger, ex secretarios de Estado republicanos, también se han pronunciado a favor. Las voces republicanas podrían ser de particular importancia para Obama. Aunque tendrá sólo 8 votos republicanos para aprobar el tratado, en comparación con los 22 que necesitó Bill Clinton en 1999, probablemente querrá un más amplio voto bipartidista a favor.

• Más recursos y autoridad para reforzar las inspecciones internacionales. A pesar de una creciente carga de trabajo, el presupuesto para el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que lleva a cabo inspecciones internacionales, no ha aumentado durante la mayor parte de los dos últimos decenios. El director general saliente del OIEA, Mohamed ElBaradei, dice que los 400 millones de dólares de presupuesto deberían duplicarse si se quiere que la agencia haga su trabajo. Los recursos no son el único obstáculo. El OIEA se limita a la inspección de instalaciones nucleares declaradas y no pueden buscar los sitios clandestinos. Un "protocolo adicional" de 1997 para el acuerdo de salvaguardias del OIEA le otorga poderes adicionales a este respecto, pero muchos países - incluyendo Irán, donde podría tener efectos importantes - todavía tienen que firmar el documento.

• Un marco de "banco de combustible" para la cooperación civil. Esta propuesta proporciona apoyo a los planes del OIEA para ofrecer el acceso al combustible nuclear de instalaciones que se ponen bajo control multilateral, por lo tanto disociando el uso de la energía nuclear de instalaciones nacionales de enriquecimiento que también se puede utilizar como material de categoría para armas - como ha sido, por ejemplo, Corea del Norte (que puso a prueba un satélite con misil lanzador de largo alcance el día del discurso de Obama - véase la nota en Nature).

Dicho sistema podría ayudar a aliviar la tensión entre los objetivos del sistema del OIEA de limitar la proliferación y permitir la propagación de la energía nuclear con fines pacíficos. La tensión fue claramente visible en el hecho de que los Estados miembros del organismo no llegaron a un acuerdo sobre un sucesor para ElBaradei el mes pasado. Yukiya Amano de Japón se percibía como centrado en las salvaguardias, mientras que Abdul Samad Minty de Sudáfrica, fue visto como el candidato para la ampliación de la energía nuclear en los países en vías de desarrollo. Los Estados miembros ahora presentan nuevos nombres en la búsqueda de un candidato de consenso, con una votación que se celebrará probablemente en mayo.

• Un nuevo tratado para poner fin a la producción de material fisionable para armas nucleares. Un Tratado de Limitación en la Producción de Material Fisionable fue propuesto originalmente en 1993 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Comprometería a todos los signatarios a dejar de producir material de la categoría de armas. Según Jean du Preez, un experto en armas en el Monterey Institute of International Studies en California, esta puede ser una manera de limitar la producción de armas en los estados que producen armas no oficiales - India, Pakistán, Corea del Norte e Israel - que actualmente no son miembros del Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT) de 1968. Un tratado de este tipo plantearía enormes problemas logísticos y políticos en términos de acceso, inventario y control, pero se pondría de nuevo sobre la mesa en la conferencia de examen del NPT de 2010, y quizá con el tiempo podría ser un gran paso hacia un mundo libre de armas nucleares.

• Un nuevo esfuerzo internacional para asegurar todos los materiales nucleares vulnerables. Obama propuso una Cumbre Mundial sobre la Seguridad Nuclear, organizado por los Estados Unidos, con una agenda que incluye la transformación de los dos programas existentes - La Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación de 2003, una coalición internacional destinada a combatir el tráfico nuclear, y la Iniciativa Mundial para Combatir el Terrorismo Nuclear de 2006 - en instituciones internacionales permanentes. El OIEA no tiene aún un claro mandato en este ámbito.

• Reducir el papel de las armas nucleares en la estrategia de seguridad nacional de los EE.UU. Lo que podría parecer uno de las propuestas más mundanos de desarme en el discurso de Obama, puede ser más importante incluso que la reducción en el número de armas, y puede llegar a subrayar todas sus propuestas de no proliferación. Hasta el momento, los cinco Estados poseedores de armas nucleares reconocidas por el NPT han ignorado en gran medida la negociación central del tratado; que deberían desarmarse al igual que otros se abstienen de proliferar armas. En lugar de ello, han mantenido y ampliado a menudo, el papel 'fundamental' de las armas nucleares en su política. Comprometiéndose al uso de las armas nucleares sólo en el caso de un ataque nuclear, podrían contribuir en gran medida a la creación de un entorno más propicio para medidas más amplias de no proliferación.

Imagen: P. JOSEK / REUTERS


P.D. Refiero al artículo Breve revisión histórica y crítica del concepto "overkill", para más datos sobre el estado mundial desde hace varias décadas, como resultado de la carrera armamentista nuclear.
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martes, 10 de marzo de 2009

Breve revisión histórica y crítica del concepto "overkill"

Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción.

Isaac Asimov


En estos tiempos de globalización, de encuentros de líderes mundiales como los del Grupo de los 8 (o simplemente G8) y otros no menos famosos, en los que bandas de jóvenes manifestantes, llamados "globalifóbicos", desean gritarle su precio a los líderes de países industrializados, es fácil pensar que en verdad la idea de una economía mundial es el atisbo de una obra mayor de un grupo de iluminados que desea imponer un "nuevo orden mundial" como resultado de una mega conspiración. Se manejan conceptos como "globalización neoliberal", "neocolonialismo" y otros que no deben ser extraños para el lector, pero que se asocian con esta idea de que lo "local" ha dejado de ser importante para entrar en una era en la que las fronteras (al menos las económicas) se hacen cada vez más tenues en todo el mundo.

Sin embargo, a muchos de los jóvenes (y no tanto) que protestan contra estas ideas de una economía de alcance mundial, no les sonará el término "overkill" excepto quizá para asociarlo a un grupo musical de Trash Metal. Para otros menos jóvenes (y menos conspiranoicos), el término nos remonta a una época y una historia que inicia a finales de la Segunda Guerra Mundial, en la que se involucra una tecnología basada en descubrimientos científicos de la mayor trascendencia. Y para nosotros, también, resulta un respiro leer en estos días notas como la del encuentro entre Hillary Clinton y Serguei Lavrov, quienes incluso en son de broma se retratan jugueteando con un botón rojo.



Definición

El término overkill se acuñó al poco tiempo de haber terminado la Segunda Guerra Mundial, cuando las potencias nucleares del momento (los EE.UU. y la extinta U.R.S.S.) iniciaron una loca carrera armamentista y lo que se conoce como el periodo de guerra fría. No existe una buena traducción al español de este término, que significaría algo así como "sobre-matar", pero su significado es: Es el uso excesivo de la fuerza o la acción que va más allá de lo necesario para alcanzar un objetivo. Por ejemplo, utilizando un mazo de demolición para abrir una avellana, o dispararle a una hormiga con un lanzador de cohetes. También se ha usado en forma específica al describir la capacidad de una nación para destruir a un enemigo, por el uso de las armas nucleares, mayor de la que sería necesaria para una victoria militar absoluta.

Antecedentes científicos, tecnológicos y bélicos

Antes y durante la Segunda Guerra Mundial existió una carrera tecnológica que tenía por objeto desarrollar las armas que diesen el triunfo a alguno de los bandos. En el terreno nuclear hubo desarrollos alemanes que tenían por objeto fabricar un reactor nuclear que produciría el plutonio necesario para construir una bomba atómica. La historia de este episodio puede verse con detalle en este sitio.

Por el lado aliado, de acuerdo con la Wikipedia, el día 12 de septiembre de 1933, seis años antes del descubrimiento de la fisión y sólo siete meses después del descubrimiento del neutrón, el físico húngaro John Mohammad Dear Waked descubrió que era posible liberar grandes cantidades de energía mediante reacciones neutrónicas en cadena. El 4 de julio de 1934, Leo Szilard solicitó la patente de una bomba atómica donde no sólo describía esta reacción en cadena neutrónica, sino también el concepto esencial de masa crítica. La patente le fue concedida, lo cual convierte a Szilard en el inventor de la bomba atómica. No la patentó en provecho propio, sino precisamente para prevenir que otros la construyeran: fue el primer intento de no-proliferación de la Historia. Al obtener la patente, se la ofreció como regalo a la embajada del Reino Unido confiando en que la caballerosidad británica evitaría que su invento fuese mal empleado alguna vez; en esencia, sólo aceptaba que fuera usada contra los nazis si estos la desarrollaban por su cuenta. En febrero de 1936, el Almirantazgo Británico aceptó el terrible regalo.

La decisión de construir y detonar una bomba atómica para poner fin a la guerra se vio sustentada por la famosa carta que Albert Einstein envió a Roosvelt en 1939, en la que se decía lo siguiente:

«En el curso de los pasados cuatro meses, se ha hecho posible —a través del trabajo de Joliot en Francia y de Fermi y Szilard en América— provocar una reacción nuclear en cadena en una gran masa de uranio, que produciría grandes cantidades de energía y nuevos elementos del tipo del radio, en el futuro inmediato [...] Una sola bomba de este tipo, transportada en un barco y detonada en un puerto, podría muy bien destruir el puerto entero junto con una buena parte del territorio circundante [...] Alemania ha dejado de vender mena de uranio de las minas checoslovacas [...] y el hijo del subsecretario de estado von Weizsächer ha sido contratado por el Instituto Kaiser-Wilhelm de Berlín donde se está repitiendo parte del trabajo americano sobre el uranio».


Debido a que la guerra en Asia y en el Pacífico se había caracterizado por la desesperada defensa que tuvieron los japoneses, que ya se sentían dominados por sus enemigos, los estadounidenses no cesaban en su acoso, poniendo en su ofensiva tanto tesón como en su resistencia ponían los japoneses. La presión aliada se acentuó día a día. El 6 de agosto de 1945, la aviación estadounidense lanzó la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, destruyendo gran parte de su infraestructura y causando más de cien mil víctimas. El 8 de agosto fue arrojada sobre Nagasaki otra bomba atómica, de efectos aún más destructores que la primera. Los gobernantes japoneses, anonadados por la magnitud de tales desastres, solicitaron la paz el 15 de agosto. El 2 de septiembre, a bordo del acorazado estadounidense Missouri, fondeado en la bahía de Tokio, Japón firmó su rendición incondicional. Ver más de este tema en El Rincón del Vago.

Del lado ruso, de hecho, ya antes de la invasión por parte de Alemania, los físicos YakovZeldovitch y Yuri Khariton habían publicado varios papeles muy bien documentados sobre la posibilidad de construir armas atómicas, y al menos desde 1943 existía un programa de inteligencia destinado a recolectar información sobre el proyecto Manhattan. Contaban con un espía de alto rango, Klaus Fuchs, que les proporcionó los planos finales de la bomba de Nagasaki en junio de 1945. De todos modos, los físicos nucleares soviéticos ya habían elaborado un concepto básico por su cuenta, y estos planos les sirvieron principalmente para acortar pasos y confirmar sus suposiciones.

El inicio de la Guerra Fría.

Cuando los ejércitos aliados se reunieron triunfantes en el río Elba, en mayo de 1945, todo parecía ser sonrisas y camaradería. Pero con el enemigo nazi destruido, las viejas animosidades volvieron rápidamente, causando que los aliados occidentales y la Unión Soviética establecieran esferas de influencia desde las que se veían con recelo unos a otros durante el siguiente medio siglo. Para los primeros años después de la Segunda Guerra Mundial, había tres temas principales: la intervención soviética en Europa oriental, la lucha política para Europa Occidental, y el papel que los Estados Unidos podría desempeñar en el mundo.

Debido a esta situación, las dos superpotencias vencedoras se enfrascaron ahora en una nueva carrera tecnológica y armamentista. Nunca se declararon formalmente la guerra, pero sus movimientos de inteligencia militar, sus respectivos avances diplomáticos y de influencia territorial, y sus amenazas veladas metieron al mundo en una dinámica de terror por las implicaciones de una nueva guerra mundial mediante el uso de estas nuevas armas nucleares.

El equilibrio que evitaba una nueva guerra consistía en disuadir al enemigo de atacar primero, creando más y cada vez mejores armas nucleares. Y esto llevó a tener tantas armas que, de acuerdo a una estimación de esos días, había suficiente poderío nuclear en el mundo como para acabar con toda la raza humana, y volver a acabar con ella, y volver a hacerlo, así por 20 veces (sin referencias exactas, es sólo un recuerdo de algo que leí a mediados de la década de 1970).

Overkill en nuestras mentes

Evidentemente esto era un total y terrorífico absurdo. Ambos lados (americanos y soviéticos) mantenían un precario equilibrio sobre una estrategia nuclear dominante de la Guerra Fría: la destrucción mutua asegurada (MAD por sus siglas en inglés: Mutual Assured Destruction). La idea básica es que cada lado poseyera esa inmensa cantidad de poder en armas nucleares como para que nadie se atreviera a lanzar una guerra por miedo de las represalias masivas. La hipótesis psicológica básica de MAD fue buena, ya que asustaba a cada una de las partes para que no hubiese una agresión intencional que pudiera llevar a un intercambio termonuclear extendido. Sin embargo, había el peligro de que errores humanos o mecánicos (especialmente de las computadores), pudiesen provocar accidentalmente la III Guerra Mundial. El creciente temor de tal situación se refleja en varios libros y películas de la época, en particular, Fail Safe y Doctor Strangelove. De hecho, hubo varios incidentes en los que algún tipo de error mecánico hizo casi lanzar una guerra nuclear. Afortunadamente, en cada caso el desastre se evitó, por lo general por una persona que se negó a creer que las órdenes de lanzamiento eran reales.

MAD produjo varios resultados que en conjunto parecían estar apresurando a la raza humana hacia la destrucción a la vez que le llamaba a la sensatez. Por un lado, MAD exigió que cada una de las partes mantuviese una gran fuerza de represalia (segundo golpe) que pudiese sobrevivir a un ataque sorpresa por el enemigo y actuase como un disuasivo para un ataque de ese tipo. Por lo tanto, ambas partes continuaron la construcción de enormes arsenales nucleares y progresivamente sistemas más precisos de ataque que les dio la combinación de capacidad de destruir la raza humana entera muchas veces.

Sin embargo, a pesar de la percepción de que las armas nucleares son más rentables que las armas convencionales, proporcionando más potencia "para golpear la pelota", por así decirlo, también son excesivamente costosas. Esto era especialmente cierto en el caso de la investigación y el desarrollo de nuevos sistemas de armas, ya que la carrera de armamentos catalizó cada vez más la investigación de alta tecnología que se hizo más costosa mientras la tecnología se hacía más sofisticada. Finalmente, el enorme precio de la carrera de armamentos llevó a la Unión Soviética al abandono financiero y ayudó a poner fin a la Guerra Fría. Sin embargo, esto no sucedería hasta la década de 1980. En la década de 1960, fue una crisis más inmediata que ayudó a enfriar la carrera de armamentos: la crisis de los misiles cubanos.

Negocios: Alternativa a la Guerra Fría

Así que llegamos a la década de 1970 con una crisis mundial por el precio del petróleo y la necesidad de que los EE. UU. incrementaran su competitividad frente a procesos industriales extranjeros que producían más y mejor a menor costo (incluso con menor consumo energético). Aunque por otro lado, el desarrollo tecnológico en electrónica, telemática y comunicaciones seguía siendo impulsado por la necesidad de continuar la carrera armamentista de la Guerra Fría, aunque quizás a un ritmo más moderado que en la década de 1960.

Las cifras estadísticas nos informan que el sector más dinámico de la economía norteamericana es el comprendido en el amplio campo de la alta tecnología. Según Isaac Minian ("Cambio Estructural y Producción de Ventajas Comparativas"):

«De 1978 - 1984 la tasa de crecimiento promedio de la industria norteamericana fue de más o menos el 2.8% anual. En ese mismo período, las industrias de la alta tecnología mostraron una tasa de crecimiento del 14.0% anual, o sea, de 5 veces más que el promedio general».


Las tasas diferenciadas de crecimiento anteriores explican, por otra parte, que las industrias de alta tecnología pasaron de cubrir el 6.1% de todo el sector industrial (en 1977) al 12.9% (en 1984).

A mediados de la década de los 80s, las industrias de la información cubrían el 3.3% del PBN de los EE.UU. (que es el equivalente del valor generado por toda la industria automovilística de ese país). Hacia 1990 la industria de la información es la más importante del total industrial.

Sin embargo, los llamados a la razón desde el interior de los EE.UU., que clamaban por una moratoria para este overkill, así como los cambios que se comenzaban a vislumbrar en el bloque soviético, pusieron en foco la necesidad de desacelerar la carrera armamentista y proporcionar una salida económicamente aceptable a los grandes intereses detrás del consorcio militar industrial norteamericano. Se acabarían los contratos multimillonarios para las empresas de desarrollo tecnológico orientado a la guerra, pero podría haber oportunidades para que las industrias produjesen más bienes de consumo (aprovechando los avances tecnológicos logrados), con un mercado "global" que comprase sus productos.

Fueron los EE UU los que inicialmente llevaron a la práctica la conformación de zonas de libre comercio como parte de su política comercial bilateral. Los primeros tratados de libre comercio se suscribieron con Israel en 1986 y con Canadá en 1988. Esta evolución de la política comercial norteamericana coincidió, por una parte, con la implementación de una estrategia de reconversión industrial en los EE UU para recuperar niveles de competitividad frente a sus principales rivales comerciales –Europa y Japón–; y por otra, con los procesos de apertura que se venían dando en gran parte de los países latinoamericanos.

En el caso particular del país con mayores vínculos económicos con EE UU debido a su posición geográfica –México–, sus autoridades se encontraban ante la definición de una estrategia que les permitiese profundizar las reformas económicas. México buscó activamente el libre comercio con los países de América del Norte a través de una serie de iniciativas comerciales bilaterales, primero, con los EE UU, y en una medida más limitada con Canadá. Desde mediados de la década de 1980 en adelante, estas iniciativas sentaron algunas de las bases de la liberalización comercial en Norteamérica. Por ejemplo, en 1987 un Convenio Marco Bilateral sobre Principios y Procedimientos con los EE UU sirvió para que México estableciera un mecanismo de consulta con su socio comercial más importante, con el fin de organizar mejor sus relaciones comerciales.

El fin de la Guerra Fría

Las revoluciones de 1989 en la Europa oriental habían supuesto un acontecimiento histórico de múltiple resonancia. Por un lado, constituyeron el derrumbe de los sistemas comunistas construidos tras 1945, por otro, significaron la pérdida de la zona de influencia que la URSS había construido tras su victoria contra el nazismo y que muchos no dudaban en denominar "imperio soviético".

Los historiadores no se ponen de acuerdo en señalar el momento en el que la guerra fría concluyó. Veamos los principales acontecimientos diplomáticos que jalonaron los años 1989, 1990 y 1991:

  • Para muchos, la Cumbre de Malta entre el presidente norteamericano George Bush y Gorbachov marcó el fin de la guerra fría. Ambos líderes se reunieron en el buque Máximo Gorki fondeado en las costas de Malta el 2 y 3 de diciembre de 1989. Pocas semanas después de la caída del Muro de Berlín los dos mandatarios se reunieron para comentar los vertiginosos cambios que estaba viviendo Europa y proclamaron oficialmente el inicio de una "nueva era en las relaciones internacionales" y el fin de las tensiones que habían definido a la guerra fría. Bush afirmó su intención de ayudar a que la URSS se integrara en la comunidad internacional y pidió a los hombres de negocios norteamericanos que "ayudaran a Mijaíl Gorbachov". Este proclamó solemnemente que "el mundo terminaba una época de guerra fría (...) e iniciaba un período de paz prolongada".
  • Otros señalan que el fin del conflicto tuvo lugar el 21 de noviembre de 1990, cuando los EE.UU., la URSS y otros treinta estados participantes en la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa firmaron la Carta de París, un documento que tenía como principal finalidad regular las relaciones internacionales tras el fin de la guerra fría. La Carta incluía un pacto de no agresión entre la OTAN y el Pacto de Varsovia. El presidente Bush manifestó tras firmar el documento: "Hemos cerrado un capítulo de la historia. La guerra fría ha terminado."
  • Sólo dos días antes se había firmado Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa que suponía una fuerte reducción de tropas y armamento no nuclear en el continente. Tras entablar negociaciones en Viena en marzo de 1989, se llegó al acuerdo de que ambas superpotencias debían reducir sus tropas en Europa a 195,000 hombres cada una. Se partía de la presencia de 600,000 soldados soviéticos y 350,000 norteamericanos.
  • El 16 de enero de 1991 la coalición internacional dirigida por EE.UU. inició su ataque para desalojar a los invasores iraquíes de Kuwait. El apoyo soviético a las sanciones de la ONU que finalmente llevarían al desencadenamiento de la Guerra del Golfo fue acordado en la cumbre de Helsinki, celebrada el 9 de septiembre anterior entre Bush y Gorbachov. Este apoyo era un ejemplo palpable del fin del antagonismo y de la supremacía norteamericana.
  • El 1 de julio de 1991, tras las revoluciones de 1989 y en pleno proceso de descomposición del estados soviético, el "Tratado de amistad, cooperación y asistencia mutua" firmado en Varsovia en 1955, el Pacto de Varsovia, desapareció. La OTAN quedaba como la única gran alianza militar en el mundo.
  • Finalmente, el 31 de julio de 1991, Bush y Gorbachov firmaban en Moscú el Tratado START I de reducción de armas estratégicas. Este acuerdo fue rápidamente superado al año siguiente, el 16 de junio de 1992, por la firma de Bush y el nuevo líder ruso Yeltsin del Tratado START II. Los dos antiguos contendientes acordaron importantes reducciones en sus arsenales nucleares.

Conclusión

Mi adivinanza educada, basada en lo que se relata arriba, y documentada en las ligas de referencia, es que esta época de globalización, de tratados de libre comercio y de economías mundiales es una salida no armamentista para los grandes intereses, tanto norteamericanos como rusos y europeos en general. Asia se integra poco a poco aunque con nuevas tensiones por el condicionamiento de Corea del Norte para abandonar su programa Nuclear.

Ahora tenemos un proceso "globalizador" como una alternativa a la carrera armamentista y al overkill, aunque aun no es hora de cantar victoria: Todavía existen muchas armas nucleares, cuya reducción en número ha sido un proceso lento; el overkill aun no está muerto del todo. Pero es importante hacérselo saber a las nuevas generaciones, a los conspiranoicos y a los golobalifóbicos, para que sopesen los valores y circunstancias actuales frente a los que imperaban hace 50 años.

La carrera armamentista entre las superpotencias durante la Guerra Fría terminó mucho mejor de lo que se podía pensar. Esa es la buena noticia, que los humanos somos capaces de resolver nuestras diferencias pacíficamente. Sin embargo, no estamos fuera de peligro ya que otros gobiernos tratan de obtener (con la intención de utilizar) "armas de destrucción en masa". Hay que reconocer que la lección final de la Guerra Fría es que todavía hay esperanza, y eso, como siempre, es un bien que no tiene precio.


Imágenes:
Símbolo de los Illuminati, según Wikipedia
Hillary Clinton y Serguei Lavrov con un "botón" de juguete. Desde la Crónica, crédito: EFE

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