jueves, 8 de abril de 2010

Una muy esperada buena noticia: EE UU y Rusia firman nuevo tratado de armas nucleares


Después de saber cuándo debemos aprovechar una oportunidad, lo más importante es saber cuándo debemos renunciar a una ventaja.


Benjamin Disraeli



En tiempos modernos, una de las más grandes amenazas para la vida humana en el planeta (y en general para la vida del planeta) era la existencia de cantidades ridículamente grandes de armas nucleares de destrucción masiva en los países más poderosos: los EE UU y Rusia.


Estos antiguos adversarios de lo que se conoció como Guerra Fría, acumularon tal cantidad de armas nucleares que había una capacidad sobrada para matar a todos los seres humanos de la tierra varias veces, concepto conocido como "overkill" que ya analizamos en este espacio hace ya algún tiempo. Y lo hicieron como una medida para desalentar al otro para ser el primero en atacar. Un tanto como "si me atacas primero, responderé con tanta fuerza que te destruiré completamente, aun antes de que tus misiles se asomen a nuestros blancos".


Bonita manera de disuadirse mutuamente, digo yo. Poner a todo el planeta como rehén de los caprichos (o mejor dicho, de la suspensión forzada de los caprichos) bélicos de las super potencias no era la manera más civilizada de mantener la paz entre ellas.


Pero así vivimos esa época de precaria paz y así la superamos: sin una sola arma nuclear utilizada en un ataque, desde Hiroshima y Nagasaki hasta nuestros días.


Hoy sale a la luz la noticia de que con fanfarrias y flores el presidente Obama y el presidente Dmitri A. Medvedev de Rusia firmaron en Praga un tratado de control de armamentos nucleares y abrió que lo se espera sea una nueva era en la tumultuosa relación entre ambos países.


Reunidos en el corazón de la alguna vez dividida Europa, los dos líderes hicieron a un lado la acritud que ha caracterizado las relaciones ruso-estadounidenses en los últimos años, accediendo a establecer un acuerdo para reducir sus arsenales y restaurar un régimen de inspección, que expiró en diciembre pasado. En el camino, eludieron los conflictos no resueltos sobre la defensa antimisiles y otros temas.


Si bien el tratado ordena sólo modestas reducciones en los arsenales reales mantenidos por los dos países, proporciona un giro en las relaciones con Moscú que se habían hundido en agosto de 2008, durante la guerra entre Rusia y su pequeño vecino del sur, Georgia. Cuando llegó a la Casa Blanca, el Sr. Obama hizo prioritaria la restauración de la relación entre ambos países, un objetivo que coincide con su visión expresada hace un año para librar al mundo de las armas nucleares.


A pesar de que los dos presidentes aceptaron el tratado, sin embargo no encontraron un terreno común sobre los planes estadounidenses de construir un escudo antimisiles en Europa para contrarrestar cualquier amenaza iraní. Obama rechazó las demandas de Rusia para incluir límites en materia de defensa de misiles en el tratado, casi echando a pique el acuerdo.


El tratado, si es ratificado por los legisladores en ambos países, requeriría que cada uno mantuviese un máximo de 1,550 ojivas estratégicas, frente a las 2,200 permitidas en el Tratado de Moscú firmado por el presidente George W. Bush en 2002. Cada país se limitará a mantener 800 bases lanzamisiles en tierra, aire y en el mar - 700 de los cuales se pueden desplegar en un momento dado - por debajo de los 1,600 permitidas en virtud del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas de 1991, conocido como START.


Lo más importante es que el tratado vuelve a establecer un régimen de inspecciones que había caducado, junto con START en diciembre pasado y trae de vuelta a los dos países dentro de un marco legal después de años de tensión. Además, ambas partes esperan usarlo como base para una nueva ronda de negociaciones que podrían llevar a reducciones mucho más profundas que abarquen las armas almacenadas u ojivas tácticas.


Aun falta mucho para tener un mundo libre de armas atómicas. Por ello es importante divulgar los avances en este tema, para que las generaciones actuales y futuras no olviden que:


  1. Aun pende una amenaza de destrucción mientras no se eliminen los arsenales nucleares.
  2. Las naciones y sus dirigentes realmente pueden llegar a acuerdos para eliminar esta amenaza
  3. La presión social sobre los gobiernos es de suma importancia para lograr esa meta.




Fotografía por Doug Mills/The New York Times

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