miércoles, 13 de julio de 2011

Modelos de la Realidad, o cómo entendemos el Universo. Parte 1

Sería muy simpático que existiera dios, que hubiese creado el mundo y fuese una benevolente providencia; que existieran un orden moral en el universo y una vida futura; pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que nosotros nos sentimos obligados a desear que exista.


Sigmund Freud



Después de una breve sequía de entradas en el blog, que también estuvo acompañada de otra temporada similar sin comprar nuevos libros, la reciente adquisicion del libro de Stephen Hawking (y Leonard Mlodinow) titulado "El Gran Diseño", me ha impulsado a invocar la lluvia de ideas inspiradas en la lectura de esta obra.


También me han inspirado las respuestas que se han recibido en la entrada dedicada a la definición de realidad que he publicado en el Blog de MENSA en México. Si bien no han sido muchas, la discusión sobre si vivimos una ilusión que engaña nuestra percepción (al puro estilo Matrix) me ha hecho reflexionar aún más sobre este tema. En la entrada referida no hice mención de cómo es que podemos interpretar la realidad, así que ahora, acicateado por Stephen y mis críticos, me he decidido a escribir sobre este asunto.


Para empezar, afirmo que hay una realidad que no depende de nuestra percepción para existir. Afirmo también que los humanos somos capaces de entender esa realidad y que lo hacemos mediante modelos que nos permiten crear imágenes mentales de ella.


La primera parte de la afirmación anterior se ha explicado en la entrada referida. La segunda parte es el tema de esta entrada, así que manos al teclado. Para continuar citaré a Hawking, quien nos dice en El Gran Diseño (capítulo 3, ¿Qué es la Realidad?) que una conclusión a la que se llega en este libro es:


No hay imagen - ni teoría - independiente del concepto de realidad.


Para esta conclusión, el buen Stephen adopta la perspectiva denominada realismo dependiente del modelo: la idea de que una teoría física o una imagen del mundo es un modelo (generalmente de naturaleza matemática) y un conjunto de reglas que relacionan los elementos del modelo con las observaciones.


Esta perspectiva abandona un poco el realismo macroscópico cotidiano al que los humanos estamos acostumbrados para dar cabida a los fenómenos que suceden en escalas muy pequeñas. En estas escalas, es prácticamente imposible determinar con exactitud las características de una partícula, digamos las del electrón. El electrón mostrará características de onda si escogemos un modelo que lo describa como un fenómeno ondulatorio y lo ponemos a prueba mediante experimentación. Pero el electrón mostrará características de partícula si escogemos un modelo que lo describa como un fenómeno corpuscular.


En cualquiera de ambos modelos, uno parte del concepto de que el electrón está ahí, independiente del modelo que lo describa, pero cuyas características se mostrarán de acuerdo con el modelo seleccionado. ¿Alguno de estos dos modelos es real? La respuesta es que no lo sabemos con certeza, y la perspectiva del realismo dependiente del modelo lo único que exige del modelo es que concuerde con las observaciones (aclarando que estas observaciones tendrían que ser independientes, por observadores independientes).


Así que ¿Cual sería el mejor modelo para describir esa realidad que está allí, en nuestro universo? La ciencia ha escogido a lo largo de la historia varios modelos que describen con éxito las observaciones, y eso hace de esta actividad humana la más consistente de todas. La religión, por otro lado, también elabora modelos para entender la realidad, pero es bastante inconsistente a la hora de describir fenómenos como deidad, inmortalidad, alma, etc. Un modelo al estilo Matrix también resulta inconsistente, pues si viviésemos en un mundo imaginario sintético, los acontecimientos no tendrían por qué tener lógica ni consistencia algunas, ni obedecer leyes.


Es claro que no podemos eliminar al observador de nuestra percepción del universo, pero eso es algo que no impide que podamos elaborar modelos consistentes con las observaciones.


Alguna vez un compañero de trabajo me preguntó mientras comíamos sentados alrededor de una mesa del comedor de la institución para la que trabajábamos ¿cómo sabes que esa silla en la que estás sentado no es producto de tu imaginación? Yo le respondí que podríamos hacer un experimento sencillo consistente en que yo tomaría la silla y se la azotaría en la espalda. Si él se quejaba de dolor entonces la silla era real y no producto de mi imaginación. Podríamos repetir este experimento unas 100 veces (suponiendo que la silla no se desarmase antes de terminar), y mi hipótesis es que si la silla es real, 100 de 100 veces el sillazo le dolería a mi compañero.


De acuerdo al realismo dependiente del modelo, el modelo en que la silla sigue existiendo (aún después y a pesar de las plegarias de mi compañero suplicando en cada intento que la silla fuese imaginaria) da una explicación mucho más simple y concuerda con la observación. Y eso sería todo lo que le pediríamos.


Termino esta primera parte de la entrada con las características que un modelo debe tener para ser satisfactorio:


  1. Es elegante.
  2. Contiene pocos elementos arbitrarios o ajustables.
  3. Concuerda con las observaciones existentes y proporciona una explicación de ellas.
  4. Realiza predicciones detalladas sobre observaciones futuras que permitirán refutar o falsar el modelo si no son confirmadas.


Los modelos de la ciencia procuran cumplir con estas cuatro características. Otros modelos, como los que pretenden explicar los sismos en nuestra Tierra utilizando las "alineaciones" de un asteroide recién descubierto o como los que describen deidades omnipotentes, no pueden ser puestos a prueba y sólo exigen la fe de quienes tienen acceso a ellos.

1 comentario:

Sr Cincuentón dijo...

¡Que bueno lo de la silla! Recuerdo que en un curso de COACHING ONTOLOGICO, la docente entusiastamente insistía con que el "mundo real" era una "creación del lenguaje" por lo que la invité a sentarse en medio de la calle cuando el semáforo diera paso a los autos. Total que mientras no hablara de ellos no tendría porqué tener problemas ... por suerte se negó y terminó el curso

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