jueves, 16 de abril de 2009

El trabajo, el placer y el escepticismo no están reñidos.

El mejor placer en la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer.

Walter Bagehot


Esta entrada tiene como tema el trabajo, el placer de realizarlo y el enfoque escéptico. No habría otra razón de hacer la entrada más que la ocasión que se presenta cuando las tres cosas se juntan. Un tema subyacente es el concepto de ilusión, pero no es el principal, como se verá más adelante.

Y bueno, hay gente que adora y gente que detesta su trabajo, cuando en realidad el trabajo es tan bueno, que hasta te pagan por hacerlo. Y luego te dicen que no es posible disfrutar del trabajo, que no es posible sentir un placer supremo (bueno quizás no tan supremo) al realizarlo.

Lo siento. Hoy no puedo estar de acuerdo con esas hipótesis. Hoy clamo a los tres ejes cartesianos (los prefiero a los 4 vientos) que es posible trabajar, disfrutar y ejercer el escepticismo, todo al mismo tiempo.

El XXI Congreso de ADIAT

ADIAT, la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico, A. C. a la que pertenece la institución para la que trabajo, realizó su congreso anual en Cancún, Quintana Roo (México). El lugar es lo más cercano al paraíso que pudo haber existido (dudo que haya sido algo diferente o mejor que este lugar). El trabajo, que consistió en promover las líneas de negocio de mi instituto durante el evento, me trajo a esta situación. Cierto es que no estoy en la playa (aunque desde aquí la veo), pero esto no sería el paraíso que es sin la mano de los humanos.

En los tiempos en que este desarrollo turístico mexicano aun no iniciaba, el sitio no era más que una laguna con una estrecha franja de tierra firme que la separaba del mar. Había vegetación incipiente y algunas palmeras. A unos 35 años de ese inicio, el paraíso lo es gracias a que hay hoteles de lujo, que cuidan el ambiente, siembran nuevas plantas, cuidan el césped (en los múltiples campos de golf que hay), reponen la blanquérrima arena que en años pasados fue arrancada de sus playas por los huracanes, limpian calles y dan trabajo a miles de lugareños. Los colores del mar y de los amaneceres es otra cosa, que tiene que ver con el contraste del azul marino contra el blanco fondo arenoso y de las infinitas combinaciones de nubes, bruma y contaminantes en el aire.

Así que mi placer personal es poder observar estos matices y formas en despliegue frente a las instalaciones del Hotel Hilton, donde estoy trabajando por el momento. Y disfruto de un placer más, pues además de hacer esta labor de promoción, he editado la entrada semanal del blog institucional y estoy editando esta entrada personal, cosa que, me habían dicho, no iba a ser posible hacer. Y hoy es la cena de gala por la clausura de este Congreso.

La pregunta.

Como el tema de este XXI Congreso de ADIAT ha sido "Capital Humano para la Innovación y la Competitividad", los diversos ponentes y panelistas han lanzado una pregunta que bien valdría plantearla aquí:

¿Que acciones inmediatas detonarían el potencial del capital humano para la innovación en México?

Los foristas intentarán responderla desde sus perspectivas particulares (son cerca de 300, ver foto abajo) y sus respuestas serán agrupadas en unas 30 categorías, para reunir a los que tienen respuestas similares (en grupos de aproximadamente 10 personas), para que juntos elaboren una respuesta en consenso.


Yo no participé en el foro, pues mi trabajo, como dije, estaba orientado hacia otra dirección. Sin embargo desde este espacio intentaré responder la pregunta, no sin antes analizarla un poco, pues a veces las preguntas parten de un supuesto que no necesariamente es verdadero o real.

Innovación, palabra clave para los tiempos modernos, en el mundo de la tecnología. Si un producto no tiene o contiene una tecnología innovadora (no necesariamente tecnología de fierros, cacharros y modos de funcionamiento, también tecnología de mercadeo, de promoción, de educación, etc.) es probable que no tenga tanto éxito como el que sí la tenga, pero no siempre es así. ¿Es posible innovar? ¿En qué consiste innovar? Innovar consiste en aportar algo nuevo y aún desconocido en un determinado contexto. Más concretamente, y según el Diccionario de la Real Academia Española, innovar radica en introducir modificaciones adecuadas a la moda entendiendo por moda el uso, modo y costumbre en boga. Añadimos el sentido de utilidad de la innovación, porque puede haber cosas distintas y novedosas pero inútiles y desencantadas.

Pero hay de innovación a innovación. Uno puede hacer cosas útiles y nuevas, cuya aplicación sea muy restringida, pero habrá otras innovaciones que tengan un alcance mundial. El asunto es complejo, pero las grandes innovaciones por lo regular parten de las ideas de gente que ha sido tenaz en la innovación pequeña, gente acostumbrada al reto de hacer cosas nuevas y útiles con alcances graduales. El mejor caso que se me ocurre es el de Steve Jobs, con Apple, Macintosh e Ipod. Apple era una marca de buenas computadoras por allá por el inicio de la década de 1980, con la innovación del sistema operativo basado en disco, pero no tuvo mucho éxito y solo pocos se enteraron de su modesto uso. Macintosh fue una computadora más avanzada que introdujo con éxito la interfaz gráfica, y aunque era una bella y poderosa pero sencilla máquina, sin embargo era cara y hasta un tanto elitista. Ipods hay hasta en los mercados municipales.

Capital Humano. Es el valor representado por la gente que trabaja, que piensa y que puede innovar. Se le llama capital porque es capaz de producir, porque es valioso y porque se le puede hacer crecer en valor. Ahora bien, la pregunta hace el supuesto de que en la actualidad el capital humano en México espera algo para detonar la innovación. No pienso que ese sea el escenario real. Yo pienso que en realidad se hace mucha innovación en México, pero es una innovación sin visión, que no reporta utilidad y desagradada casi en su totalidad. Es por ello que los indicadores de patentes y marcas en México nomás no se parece a los de otros países. ¿Que falta entonces?

Lo he dicho en otras veces y lo repito ahora. Hay que dejar de confiar en que alguien vendrá a salvarnos, y debemos hacer las cosas nosotros. Hasta hoy nos ha salvado PEMEX, notablemente. Aunque es una de las empresas más corruptas del mundo. Sin embargo, si no fuese por los ingresos de la exportación petrolera estaríamos al nivel de los países más pobres de África.

Así que para no confiarnos lo que sugeriría es que en nuestro ámbito de influencia, los mexicanos apliquemos un poco de escepticismo, dudemos de la idea mesiánica, y hagamos las cosas nosotros, sin confiarnos a que los gringos (con San Barack Obama al frente) o los japoneses o más recientemente los chinos nos van a salvar. El sentirnos un poco solos nos hará acudir al ingenio del cual no tengo dudas que tenemos. Ingenio que nos ayudaría a resolver nuestros propios problemas, innovando en nuestros procesos de vida, de producción y de independencia tecnológica.

Y no se trata de atrapar al sol con las manos, se trata de mostrar que sí se puede, al menos desde ciertas ópticas:


Y si esto es posible, también es posible trabajar, disfrutar y cuestionar al mismo tiempo.

P.D. Prometo compartir con la amable concurrencia las propuestas y respuestas del Congreso, para compararlas con la de la casa, apenas se publiquen.
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