domingo, 17 de octubre de 2010

¿Qué fue de los rayos N?

Nada parece tan verdadero que no pueda parecer falso.


Michel Eyquem de Montaigne


Desde e-Skeptic
Por Terence Hines
Traducción: KC



A principios de 1903, la noticia del descubrimiento de un nuevo tipo de radiación en Francia se propagaba a través de la comunidad científica internacional. René Blondlot, uno de los físicos más famosos del mundo, había hecho el descubrimiento en la Universidad de Nancy. Llamó a la nueva radiación rayos N en honor de la universidad y la ciudad. El descubrimiento de una nueva forma de radiación no era ciertamente un hecho sin precedentes al inicio del siglo 20. Varios otros tipos de radiación habían sido reportados en la docena de años antes (incluyendo los rayos X). Pero nada sería más controvertido que los rayos N.


Se supone que los rayos N eran una forma de radiación exhibida por cualquier número de sustancias, con lasextrañas excepciones de la madera verde y la "anestesia" de metal (metal empapado en éter o cloroformo). En menos de un año de su anunciado "descubrimiento", fueron publicados no menos de 30 artículos que confirmaban la existencia de los nuevos rayos. Otros laboratorios, sin embargo, utilizando métodos más sofisticados, no pudieron replicar los resultados. El instrumento de medición de Blondlot fue un espectroscopio con un prisma recubierto de aluminio con un filamento en el interior. Los rayos N se refractaban por el prisma y se extiendían en un espectro. La única manera de ver los normalmente invisibles rayos N  era hacer que interactuaran con un filamento tratado (por ejemplo, recubierto de sulfuro de calcio). Moviendo el filamento a través de la brecha entre el prisma y la fuente de rayos ocasionaba que el filamento se iluminase y esto era lo que se informaba como una "detección" (ver la ilustración de abajo para otra forma de "detectar" rayos N).



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En 1903 la revista Nature envió al físico Robert W. Wood de la Johns Hopkins University, quien asistía a una conferencia científica en Gran Bretaña, a Nancy, Francia, para investigar. Durante una serie de experimentos, cuando las luces estaban apagadas, Wood en secreto quitó el prisma del espectroscopio, después de lo cual los rayos N fueron detectados, claramente un resultado imposible, ya que el prisma era supuestamente fundamental para la refracción de los rayos. En resumen, el pequeño experimento de Wood demostró que los rayos N no existían. El uso de Blondlot de una metodología puramente subjetiva, en oposición a un método objetivo, lo llevó a creer en la realidad de los nuevos rayos, como sucedió en varios otros laboratorios, sobre todo en Francia. (Es posible que haya habido algún sesgo nacionalista puesto que los alemanes habían descubierto los rayos X).


Wood era una persona extraordinaria, cuyas muy amplias áreas de interés incluían muchas de la física, así como las áreas no tradicionales tales como la investigación de medios espiritistas y el uso de la metodología científica en la detección de la delincuencia. Después de su visita al laboratorio de Blondlot, Wood informó de sus hallazgos en la edición 29 de septiembre 1904, de Nature, entonces, como lo es hoy, una de las principales publicaciones científicas del mundo. Esta carta, que se puede ver en e-Skeptic, es un clásico en la literatura escéptica. Después de su aparición en la revista Nature, se publicó rápidamente en francés en la Revue Scientifique (Vol. 2, 22 de octubre de 1904, pp 536-538) y en alemán en la Physikalische Zeitschrift (Vol. 1, 1904, pp 789 -791).


La carta parece haber tenido bastante efecto. Según M. Nye, cuya excelente historia del asunto de los rayos N se debe consultar para más detalles ("rayos N:. Un episodio en la Historia y Psicología de la ciencia" Estudios Históricos de las Ciencias Físicas, 1980, 125-156 ), "sólo un artículo se presentó a la Academia [Francesa] confirmando los rayos N" en los años siguientes. Por lo tanto, la carta de Wood señaló el comienzo del final del episodio de estos rayos. El debate se cocinó a fuego lento durante unos años más y Blondlot, quien se retiró en 1909, continuó su búsqueda de los rayos N, pero fue en vano.


Cabe señalar que en ninguna parte de la carta de Wood se especificó en qué laboratorio había realizado sus observaciones. Pero todo el mundo en el campo lo sabía.


Imagen de entrada: Robert Wood - justamente reconocido por sus descubrimientos fundamentales en la óptica física, y sus importantes contribuciones a la astronomía, supersónica, y biofísica.


(Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, www.skeptic.com)


1 comentario:

Anónimo dijo...

AQUI AMPLIO TU ARTICULO MI ESTIMADO KC

Los rayos N, la radiación que nunca existió.
Publicado el 28/09/2010

Poco después de que en 1895 Roentgen descubriera la existencia de los rayos X, René Blondlot comenzó a experimentar con ellos. Durante estos experimentos llevados a cabo entre los años 1901 y 1904, Blondlot descubrió un nuevo tipo de radiación a la cuál denominó rayos N, en honor a Nancy, la ciudad donde trabajaba en aquel momento.

Según los experimentos de Blondlot, estos nuevos rayos eran emitidos por un alambre de platino incandescente encerrado dentro de un tubo de hierro. Los rayos N, después de atravesar una delgada ventana de aluminio, eran dirigidos a una pantalla de sulfuro de calcio débilmente iluminada (o alternativamente a una llama de gas). Una vez lo rayos colisionaban conseguían aumentar la luminosidad de la pantalla blanca (o de la llama).


I: René Blondlot
Los experimentos de Blondlot llamaron la atención de físicos de renombre a lo largo y ancho del mundo, de la talla de Charpentier, Becquerel, Broca o Zimmern. Todos estos científicos repitieron los experimentos de Blondlot en sus respectivos laboratorios consiguiendo el mismo éxito, y confirmando por ende el descubrimiento de los rayos N.

En aquel cambio de siglo, el entusiasmo que desataban las nuevas radiaciones gracias a los rayos X, hacía que el momento fuera muy propicio para otros hallazgos de este tipo. Por ello, en los cuatro años siguientes a la propuesta de la existencia de los rayos N se publicaron decenas de artículos que confirmaban la existencia y las propiedades de estos rayos en revistas de gran impacto.

Pero no todos los físicos del mundo confiaron plenamente en los experimentos de Blondlot. En 1904, el físico estadounidense R.W. Wood fue a Francia a visitar el laboratorio de Blondlot y observar sus experimentos. El experimento que Blondlot estaba a punto de mostrar a Wood comprendía la refracción de los rayos N y la medida de su ángulo. Se suponía que los rayos debían salir a través de una ranura de 2mm y ser refractados por un prisma de aluminio (del mismo modo en que la luz se refracta al atravesar un prisma de cristal), antes de caer sobre un blanco, una pantalla en este caso, para ser medidos.


II: R. W. Wood
Después de la primera demostración, Wood pidió que se repitiera el experimento, para el cual se guardó en el bolsillo el prisma de aluminio sin que Blondlot se percatara. Pese a la gran variación en la ejecución de la prueba, los resultados del segundo experimento fueron exactamente iguales que con el prisma en su lugar. Wood publicó la historia en Nature, en 1904, y también en Physikalishe Zeitschrift. Ello causó que cinco años más tarde Blondlot abandonase su cátedra.

Blondlot, en el momento de sus primeros experimentos, llegó a creer que efectivamente había hecho un descubrimiento. Con sus propias palabras expresó en las Actas de la Académie des Sciences del 23 de marzo de 1903:

Previamente había yo atribuido la polarización a los rayos X cuando, de hecho, se produjo por los nuevos rayos. Este error era inevitable antes de que estuviera completo el estudio de los efectos de la refracción. Sólo después de ese estudio me convencí de que no estaba manejando rayos X, sino un tipo totalmente nuevo de radiación.

Las ganas de Blondlot de conseguir un nuevo avance en el campo de las radiaciones electromagnéticas le llevaron a conclusiones inexactas. El fenómeno de los rayos N dependía de la percepción del umbral de una luminosidad débil. Como ya se habían preestablecido algunos cálculos físicos para las propiedades de las nuevas radiaciones, la observación pudo fácilmente haber sido dirigida por este conocimiento previo.




Sergio

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