domingo, 1 de febrero de 2009

Noche de estrellas en la Cd. de México

Medite al atardecer, mirando las estrellas y acariciando a su perro, es un remedio infalible.
Ralph Waldo Emerson

Desde La Crónica
Por: Isaac Torres Cruz y Verenise Sánchez.


Alrededor de 30 mil personas se reunieron la noche de ayer en el Zócalo de la ciudad de México para celebrar el inicio de los festejos del Año Internacional de la Astronomía en el país.

La Noche de Estrellas, evento realizado de forma simultánea en otras 22 sedes arqueológicas e históricas del país, trajo consigo centenares de personas en el centro de la capital, entre familias, estudiantes y adultos mayores, entre otros, ávidas de cielo y de conocimiento, y que tuvieron la oportunidad de observar por primera vez un cielo nocturno a través de un telescopio, como lo hiciera Galileo Galilei hace 400 años.

"Esta es una noche especial porque pudimos tomar un foro muy importante para los mexicanos, donde se han llevado a cabo eventos de carácter político y artísticos, para celebrar a las estrellas", refirió José Narro Robles, rector de la UNAM durante la ceremonia inaugural.

Así como el universitario, el director del IPN, José Enrique Villa Rivera, destacó la coordinación de todos los actores involucrados en la Noche, entre instituciones académicas y de gobierno.

"Unidos somos más fuertes y este esfuerzo es nuestro granito de arena para que en el país avancemos en la aplicación del conocimiento que, generado en las aulas, es en beneficio para todo el país", dijo.

Por su parte, Esther Orozco, directora del Instituto de Ciencia y Tecnología del D.F., dijo que la gran asistencia a dicha celebración demuestra el amor de los mexicanos por el conocimiento, en una oportunidad para desechar el individualismo que permea actualmente a la sociedad.

"En estos tiempos de crisis debemos mirar hacia otros valores, saber que formamos parte de algo: de una familia, de una ciudad, de una nación y del cosmos", añadió.

La funcionaria expuso además que la Noche de Estrellas se llevará a cabo cada año en conjunto con las instituciones participantes, UNAM, IPN, INAH, INAOE, entre otros, con el objetivo de celebrar el conocimiento.

José Franco, director del Instituto de Astronomía de la UNAM, señaló en su intervención que desde Ensenada hasta Mérida "nos unimos miles de mexicanos para hermanarnos y acercarnos un poco más al cielo en esta gran festividad".

CIELO EN TIERRA.

La fiesta de las estrellas se dividió, de acuerdo con sus organizadores, en la observación del cielo a simple vista, con binoculares o telescopios, además de las actividades relacionadas a la astronomía: talleres, exposiciones, conferencias, entre otros.

Las observaciones en la plancha del Zócalo, y en los otros emplazamientos del país, como Monte Albán, Xochicalco, Cholula, por mencionar algunos, estuvieron planeadas para mirar la constelación de Orión, las Pléyades y la Luna, aunque un archipiélago de nubes impidió realizar la actividad de forma diáfana; no obstante las filas para acceder a uno de los tres puntos de observación con telescopio parecían no tener fin y se perdía entre la masa de gente.

Los asistentes a la plancha del Zócalo no se inmutaron, puesto que, bien advirtieron sus organizadores anteriormente, "bajarían las estrellas". No hubo carpa de exposición o taller que dejara de desbordar gente; las filas para acceder al planetario inflable o para obtener su planisferio celeste serpenteaban hasta su remoto inicio.

El acercamiento de la gente con astrónomos mexicanos fue también un acto de fraternidad por la ciencia, ya algunos explicaban la infinidad del universo, ya otros firmaban autógrafos y eran motivo de flashes o clicks de celular para obtener la foto del recuerdo.

En tanto, el grupo de teatro La Biznaga desfiló por el asfalto de las calles de Tacuba hasta llegar a la Plaza de la República, contando cuentos en un performance de dimensiones y atuendos estelares. Zancos y antifaces deambulaban con sus estrellas colgantes.

Galileo de guiñol defendió sus observaciones ante su auditorio infantil, mientras las grandes pantallas presentaban la ciencia y estética del universo, cortesía de Tv UNAM, su historia de 13 mil millones de años contada por el astrónomo Luis Aguilar.

Muchos buscaron las estrellas entre los nubarrones incómodos, pero muchos más las encontraron en tierra; el cosmos es demasiado basto como para celebrarlo con simplicidad.

Si bien no pudo observarse a Aldebarán, a Castor o la refulgente Sirio, el cielo en tierra tuvo gran aceptación. Pero los objetos celestes tendrían más de una ubicación, refirió el rector de la UNAM.

"Los ciudadanos, los hijos, las familias, ellos son también las estrellas", dijo.

LA PRIMERA OBSERVADORA

"Hasta parece que puedo agarrar la Luna..."

Sandra, la primera en observar el cielo por uno de los telescopios dijo: "es impresionante cómo se ve la Luna, hasta parece que la puedo agarrar con mi mano. Valió la pena las tres horas y media de espera".

Así empezó la fiesta de la Noche de Estrellas en el Zócalo. Ahí donde llegaron miles para disfrutar el cielo, la música, teatro, danza, cine y video que explicaban lo que está en la bóveda celeste.

Mediante 50 telescopios que la UNAM y el IPN colocaron, los capitalinos, en un turno de 15 segundos en un telescopio, miraron el cielo y sus maravillas.

Desde las cinco de la tarde iniciaron las actividades: conferencias, exposiciones, talleres didácticos y un planetario digital, donde astrónomos como Julieta Fierro explicaban lo que hay allá arriba.

— Vengan a jugar con las estrellas..., todos tenemos la capacidad de ser astrónomos— gritaba Fierro.

Una niña de aproximadamente siete años le preguntó: —¿Los astrónomos ganan bien?

—¡Claro! — respondió. —Esta es una disciplina donde las mujeres podemos trabajar de noche sin que sea mal visto —

Es importante que la gente conozca la función y aplicación de los cuerpos celestes en la vida cotidiana, además de ser unos excelentes inspiradores de obras poéticas, señaló Rafael Costero, investigador del Observatorio Astronómico Nacional mientras le platicaba a la gente la vida, obra y trascendencia de personajes como Guillermo Haro y Luis Enrique Erro, entre otros astrónomos.

El cielo nublado amenazó con impedir la visibilidad de los cuerpos celestes, no obstante, más gente llegaba a ver las estrellas y disfrutar de la música prehispánica de Jorge Reyes o el son jarocho del grupo Cojolotes.

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