martes, 27 de mayo de 2008

Una nueva mitología, parte 2, Thera, los milagros y la nueva historia

Antiguos astronautas, civilizaciones perdidas y el Paradigma de la Nueva Era

por Tim Callahan

Traducción: KC

Continúa de la Parte 1.
Versión completa en ingles en eSkeptic
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Thera: una causa única para todo

Menos extremas que las teorías de las colisiones planetarias son los intentos de atribuir las plagas de Egipto, la separación del Mar Rojo, y el colapso de los muros de Jericó, a una única causa natural: la erupción del volcán en Thera, una de las islas de un grupo colectivamente llamado Santorini, situada en el Egeo, al noroeste de Creta.

En esta conjetura, la erupción de Thera, no sólo destruyó Knossos en Creta mediante la generación de un maremoto y terremoto, sino también inició una serie de eventos registrados como milagros en el libro del Éxodo. Hierro en la ceniza volcánica depositada en el Nilo lo convirtió en
color rojo sangre, envenenando el agua en el proceso (el Nilo convertido en sangre). Esto llevó a las ranas fuera del río (la segunda plaga). Ellas murieron, y sus cadáveres podridos constituyeron perfectos hogares para gusanos, causando una explosión demográfica de moscas, escarabajos y otros insectos voladores. Esto, a su vez, generó fiebres en bestias y hombres y, por último, creó la peste que mató a la flor de la juventud de Egipto (el "primer nacido" en el Éxodo). Además, la nube de ceniza volcánica cubrió la tierra (plaga de oscuridad), generando un breve período de frío intenso, provocando la caída de granizo en Egipto y la destrucción de cultivos; y las poblaciones de insectos se desestabilizaron, causando una plaga de langostas que descendieron en Egipto. Los Israelitas, que vivían en la zona de Goshen, al este del delta, estaban lo suficientemente lejos para evitar muchas de las plagas.

Mientras los hijos de Israel al salían de Egipto utilizaron los penachos de humo volcánico - la columna de nube durante el día y la columna de fuego por la noche - como una guía direccional. Las erupciones siguientes y los terremotos causaron que el agua al final del Golfo de Suez se retirarse el tiempo suficiente para permitir que los Israelitas cruzaran el fondo seco del mar. Esta fue sólo la primera fase de un tsunami, sin embargo, y el maremoto al regresar barrió los carros de los perseguidores Egipcios, al tratar de cruzar el lecho marino. Réplicas de los sismos generados por la erupción de Thera fueron las responsables de que los Israelitas fueran capaces de cruzar el lecho seco del Jordán y del colapso de los muros de Jericó. Aunque es menos extravagante que las repetidaas casi colisiones
planetarias como única causa de todo, hay implícito en el escenario Thera la hilación de lo que es más común en la ficción que en las desordenadas complicaciones de la vida real.

La teoría que postula al volcán Thera como la única causa de los milagros del Éxodo y Josué, junto con todos los demás intentos de encontrar una correlación natural con el mito de Éxodo, adolece de la falta de cualquier dato histórico o arqueológico para fundamentar los mitos, el Éxodo, o la conquista de Israel como se describe en el libro de Josué. La erupción de Thera ocurrió mucho antes de la fecha tradicional de los acontecimientos bíblicos. Aun cuando estos eventos se vuelvan a fechar (véase más adelante), no hay pruebas de una disminución repentina en el poder de Egipto en cualquier momento que podría encajar con el Éxodo. Tampoco hay ningún registro arqueológico del saqueo generalizado de las ciudades de Canaán, como se relata en el libro de Josué, en cualquier estrato relacionado con el marco temporal bíblico del Éxodo y de la conquista. Esto ha dado lugar a que los defensores de la historicidad del Éxodo propongan una serie de radicales cambios de fecha en varios eventos, como un intento de calzar a la Biblia en la historia y a la historia en la Biblia.

Reescribir la historia y la prehistoria


Graham Hancock, autor del popular libro de 1995, Las huellas dactilares de los Dioses, trata de cambiar las fechas de la esfinge y la Gran Pirámide de Giza en la edad de hielo, alegando que la erosión de la Esfinge muestra signos de erosión hídrica en lugar de ser por el viento y arena. Él fecha la Esfinge en 12,000 A. de C. y considera que la civilización egipcia es un legado de una antigua civilización perdida que floreció durante la última glaciación. Ya que Hancock también cree que el rostro de Marte (visto originalmente como flanqueado por pirámides) fue construido por los antiguos marcianos, su teoría tiene vínculos con ambas civilizaciones perdidas y antiguos astronautas.


Graham Hancock no es el único teórico aficionado en tratar de reubicar las fechas de los orígenes de la civilización en la edad de hielo. Un libro que es referido en forma tan reverencial por los teóricos de la Nueva Era que podría ser así como las Escrituras, es Mapas de los Antiguos Reyes del Mar por Charles Hapgood, publicado en 1966. Utilizando
mapas turcos y árabes, y en particular el famoso mapa de Piri Ries, como evidencias, Hapgood surgió con una muy sorprendente conclusión: "Las pruebas presentadas por los antiguos mapas parece sugerir la existencia en tiempos remotos, antes del florecimiento de las culturas conocidas, de una verdadera civilización, de una especie relativamente avanzada, ya sea que estuvo localizada en un área pero con comercio mundial, o bien fue, en un sentido real, una cultura mundial". (1)

Hapgood afirmó además que esta antigua civilización floreció durante la última glaciación, unos 35,000 años atrás. Sus restos se perdieron, pero las pruebas de su alcance en todo el mundo se encuentra en
mapas pre-colombinos que muestran la costa oriental de América del Sur, así como el continente de la Antártida. Todos estos mapas son o bien árabes o turcos. El razonamiento de Hapgood parece ser que, puesto que la civilización islámica también conservó copias de mapas Ptolemaicos, los originales de los cuales se perdieron en la destrucción de la gran biblioteca de Alejandría, sus mapas que detallan la costa de América del Sur y la Antártida son también las copias de mapas antiguos. Dado que no hay indicios de que cualquiera de los Ptolomeicos o cualquiera de sus contemporáneos navegaron al hemisferio occidental, y mucho menos circunnavegaron la Antártida, Hapgood especuló que los originales de estos mapas fueron hechos por una civilización que era más antigua que las de los Griegos o los Fenicios.

El mapa de Piri Ries, que data de aprox. 1513, muestra la costa atlántica de América del Sur y continúa hacia abajo para unirse con la Antártida. Sin embargo, los mapas Oronteus Finaeus, que datan de 1532, muestran la Antártida como un continente. Teniendo en cuenta que el navegante portugués Fernando de Magallanes murió durante su circunnavegación del globo en 1521 - lo que significa que el mapa de Piri Ries se hizo antes del descubrimiento del Estrecho de Magallanes - su descripción inexacta fallando en mostrar la separación de América del Sur de la Antártida es perfectamente razonable. Del mismo modo, los mapas de Oronteus Finaeus hechos después del viaje de Magallanes, colocaron a la Antártida como un continente separado. Sin embargo, ya que los turcos musulmanes y los cristianos portuguéses eran enemigos, habría sido poco probable que cualquiera de los portugueses o los españoles hubiesen compartido los descubrimientos de Colón y Magallanes con el Imperio Otomano. ¿Cómo, entonces, Piri Ries supo cómo mapear, incluso con imprecisiones, las costas atlánticas de América del Sur y la Antártida? Una posible respuesta a esta pregunta es que los mapas realizados durante la última glaciación mostraron los dos continentes unidos por una plataforma de hielo. Es decir, estos mapas fueron el patrimonio perdido la civilización antigua, como afirmó Hapgood.

Lo que Hapgood aparentemente no tuvo en cuenta fue que los marinos árabes podrían muy bien haber llegado a las Américas antes de los españoles y portugueses. Hay dos piezas de evidencia para apoyar esta posibilidad. Uno de ellos es una colección de monedas encontrada frente a las costas de Venezuela. La mayoría de estas fueron monedas romanas, que datan de la época de Augusto en el cuarto siglo. Sin embargo, Cyrus Gordon señaló que dos de las monedas eran árabes, probablemente del siglo noveno. (2)

Gordon señaló también que las monedas romanas se encontrabn todavía en uso como moneda siglos después de la caída de Roma. En su opinión, considera a las monedas como procedentes de un
buque moro o árabe de por el año 850. Por desgracia, mientras que Gordon informó que las monedas estaban entonces en posesión del Instituto Smithsoniano, parece que nada se ha publicado sobre ellas desde entonces. Es posible que la falta de una adecuada búsqueda de procedencia haga dudar de ellas como prueba de un naufragio morisco. En cualquier caso, las idiosincrásicas especulaciones de Gordon sobre contactos precolombinos son bastante sospechosos. Sin embargo, evidencia mucho más firme de viajes árabes precolombinos a las Américas fueron proporcionadas por el doctor M.D.W. Jeffries del Departamento de Antropología, de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, Sudáfrica. En su artículo, "Maíz pre-colombino en Asia", en Los Hombres a Través del Mar, Jeffries concluye: "Ya se han presentado suficientes pruebas para detectar la presencia de maíz en Asia en tiempos precolombinos para recomendar una nueva evaluación de los contactos entre América y el Viejo Mundo. El hecho de que el maíz entró en China desde el oeste sugiere tempranos contactos transatlánticos en lugar de contactos transpacíficos". (3)

Jeffries también señala que el maíz, originario del hemisferio occidental, en primer lugar entró en Europa desde Asia Menor por el año 1320, en lugar de ser introducido desde el oeste por los españoles y portugueses en los años 1500. En la mayoría de países europeos en un principio se le conoció como "maíz sarraceno" o "maíz
turco". (4)

La opinión de Jeffries es que los árabes, que tuvieron en gran parte el control de las tierras y las rutas de comercio marítimo en los años 1300, introdujeron el maíz tanto en Europa como en Asia. El fracaso de los poderes Islámicos para colonizar las Américas las dejaron libres para los Españoles y portugueses, así como pusieron a los viajes de descubrimiento Islámicos sólo en los libros de historia. De este modo, el mapa de Piri Ries no es el gran enigma que los teóricos del nuevo paradigma reclaman que es.

Referencias.
1. Hapgood Charles. 1966. Maps of the Ancient Sea Kings. Philadelphia y New York: Chilton Books, 193, énfasis en el original.
2. Gordon, Cyrus H. 1971. Before Columbus: Links between the Old World and Ancient America (3d. printing)/ New York: Crown Publishers Inc., 68.
3. Jeffries M. D. W. 1973. “Pre-Columbian Maize in Asia,” en Man Across the Sea: Problems of Pre-Columbian Contacts (segunda impresión). 1973. Austin, TX y Londres: University of Texas Press, 400.
4. Ibid., 399.


Continuará.

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