martes, 22 de enero de 2008

Fenómenos paranormales cercanos

Desde que era muy pequeño estuve rodeado de gente que tenía experiencias paranormales.

Mi abuela era la lideresa en ese aspecto. Contaba muy a menudo sus experiencias con fantasmas, apariciones, sucesos inexplicables, etc.

La anécdota que más recuerdo es una que iba más o menos así:

Estaba mi abuela con sus 2 hijas (una de ellas mi mamá) de visita en el rancho de una de sus primas, en Celaya, Guanajuato. Como estaban de visita, les asignaron una recámara con una cama grande para todas.

En una noche cálida y oscura, dormían las tres, muy plácidamente, cuando de repente mi abuela se despertó "sintiendo" que algo la sofocaba, como si algo o alguien se le hubiera subido encima. Mi abuela dijo que había sentido la presencia del mismísimo satanás, de quien supuso que quería hacer alguna de las suyas, con ella o con sus hijas.

Mi abuela contaba que "lo agarró del pescuezo" y trató de ahorcarlo, claro, todo esto en medio de una total oscuridad y del caos de gritos y rezos desesperados de diversa índole por parte de las tres. Platicaba que el "ser" que tenía entre manos parecía una suerte de serpiente peluda, pero con patas, que se agitaba rabiosamente tratando de escapar de las manos de mi abuela, arrojando su pestilente vaho en su cara.

Cuando lograron prender una vela, mi abuela ya se había cansado del forcejeo y había soltado al atacante y ya no había señales del supuesto íncubo (o satán, o quien fuese el causante de tal batahola).

Esa y varias historias mas amenizaban las tardes sin TV en mis días de infancia. Siempre me llamó la atención lo que decían mi abuela, mi tía y mi mamá, que desde que nací nunca más hubo apariciones ni sobresaltos ni nada por el estilo. Mi abuela decía que tenía el poder de la telekinesis y juntos hicimos muchos experimentos (sin éxito) para mover objetos a distancia.

Decía mi abuela que ella podía lograr que alguien perdiera el equilibrio sólo con desearlo. Pero nunca pude ver que lograra hacerlo en mi presencia. Durante mis años juveniles intenté repetir las experiencias de mi abuela, invocar a los espíritus, a los muertos, al mismo pingo, y nada de nada. Acabé confiando más en la razón, en las evidencias y finalmente en la ciencia. La explicación que pude dar al encuentro del famoso íncubo con mi abuela, mi tía y mi madre, fue que un animal mediano, quizás un tejón o un gato montés, entró a hurtadillas a su recámara y despertó a la matriarca.

¿Por qué decidí abrazar a la ciencia en vez de seguir con las tradiciones familiares? Volteando a mi alrededor y contemplando la serie de maravillas tecnológicas, confiables y útiles que me rodean. Desde la ropa que usamos, las medicinas que tomamos, los transportes públicos y privados, etc.

Todas ellas, incluyendo la computadora desde la que ves este mensaje, están basadas en principios científicos aplicados, con un altísimo grado de confiabilidad . La ciencia moderna nos permite establecer modelos muy confiables de la naturaleza, tan confiables que los usamos día a día y lo damos por un hecho común. Lo que desconcierta a veces es que sus resultados tienden a ser diferentes de lo que nos gustaría que fuese esa naturaleza.

Mi abuela disfrutaba enormemente al platicar su encuentro con el supuesto íncubo. Yo no sé si existe ese tipo de seres o manifestaciones tenebrosas. Nunca las he visto ni sentido. El asunto es que en la antigüedad esos eran los temas de conversación en las tertulias familiares. Hoy no hay tertulias familiares. Pero si hubiesen quizás el tema fuese un poco más moderno: OVNIs, y extraterrestres.

Yo pienso que lo placentero que se siente el ser escuchado con atención es un acicate bastante fuerte para la fantasía. ¿Qué tan fuerte puede ser? Quizás no más fuerte que la fuerza nuclear fuerte. Pero es más poderosa en la mente humana.

2 comentarios:

Belduque dijo...

Muy interesante tu artículo.
Felicidades!

Keith Coors dijo...

Gracias compatriota Belduque.
Es un honor teneros leyendo mis entradas.

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