domingo, 30 de marzo de 2008

La disminución de la violencia ¿una realidad?

Oía hace algunos meses por la radio, en el noticiero de Fernanda Familiar, que acaba de salir a la venta un libro de Steve Pinker que se llama algo así como "Historia de la violencia..."

Bien, resulta que después de buscar y buscar me enteré de que no es un libro, sino la transcripción de una muy interesante conferencia sobre la idea de que la violencia ha disminuido notablemente en la actualidad del siglo XXI. La conferencia fue dictada a inicios de 2007.

¿Cómo es posible que se afirme tal cosa? Estamos en el siglo de la segunda guerra contra Irak, de los atentados del 9/11, de las ejecuciones del narco y de la intolerancia contra los emos. Salimos apenas del siglo en el que hubo dos guerras mundiales, con las atrocidades cometidas por los nazis y por los stalinistas. ¿En qué se basa esa afirmación que puede resultar hasta chocante?

El buen Steve asegura en su ensayo que en el pasado (digamos hace mil años o más) la humanidad era mucho (pero mucho) más violenta que en la actualidad. Esto desde el punto de vista estadístico.

Menciona muchos ejemplos de violencia antigua que hoy ya no se dan, al menos no de manera generalizada en las sociedades modernas:

  1. La crueldad como entretenimiento.
  2. Los sacrificios humanos para complacer a la superstición.
  3. La esclavitud como un globalizado instrumento para ahorrar trabajo.
  4. La conquista como misión de un gobierno.
  5. El genocidio como medio para adquirir propiedades.
  6. La tortura y la mutilación como castigos de rutina.
  7. La pena de muerte para faltas menores y las diferencias de opinión.
  8. El magnicidio como mecanismo legítimo para la sucesión política.
  9. La violación como botín de guerra.
  10. Los pogromos como mecanismos de salida de la frustración.
  11. El homicidio como la principal forma de resolución de conflictos.
Uno de los ejemplos de violencia y extrema crueldad cotidiana que más me llamó la atención es la que imperaba hace unos 500 años en París como forma de popular entretenimiento: se solía ensartar gatos callejeros con un alambre y se les quemaba vivos en cualquier esquina, ante la mirada morbosa de cientos de vecinos, entre los que podían estar Reyes y Reinas. Esto se hacía porque al gato se le consideraba relacionado con la brujería.

Actualmente los actos de guerra ya no son tan bien vistos como en siglos anteriores. Los "holocaustos" eran cosa común:
Apaches y otras etnias, masacrados por los Yankis. Aztecas e Incas masacrados por las huestes españolas. Africanos esclavizados por europeos y americanos. Griegos acabados por los Romanos, Romanos acabados por los bárbaros del norte... y así por el estilo.

Así lo describe Pinker:

Hubo un tiempo en que estos hechos recibían un amplio reconocimiento. Constituían la fuente de conceptos como progreso, civilización, y la liberación del hombre del salvajismo y la barbarie. Sin embargo, recientemente, estas ideas han sido consideradas cursis, e incluso peligrosas. Parecían demonizar a la gente de otros tiempos y lugares, justificar la conquista colonial y otras aventuras en el extranjero, y ocultar los crímenes de nuestras propias sociedades.

La doctrina del buen salvaje –la idea de que los humanos son pacíficos por naturaleza y que las instituciones modernas los corrompen- aparece con frecuencia en la escritura de intelectuales públicos como José Ortega y Gasset (“La guerra no es un instinto sino un invento”), Stephen Jay Gould (“El homo sapiens no es una especie malvada o destructiva”) y Ashley Montagu ("La investigación biológica apoya la ética de una fraternidad universal”).


Pero ahora que los científicos sociales han empezado a considerar grupos sociales en diferentes períodos históricos han descubierto que la teoría romántica está equivocada: en lugar de hacer que seamos más violentos, algo en la modernidad y sus instituciones culturales nos ha hecho más nobles

Yo añado que en la actualidad somos más proclives a solidarizarnos con gente que ni conocemos. Sabemos de un tsunami en Indonesia, y cooperamos con víveres y hasta dinero para aliviar su sufrimiento, cosa que antes no se daba ni por accidente.

Pinker menciona un concepto interesante: "Grupo Moral". Se supone que define a ese grupo de entes (no sólo humanos) a quienes consideramos dentro de los límites de nuestra moral. En la actualidad hay muchos grupos que defienden a los cerditos (tan sabroso el chicharrón de puerco y puerca), abarcando desde los pobres del mundo, las etnias en desgracia, hasta las selvas y los glaciares.

Dice el buen Steve que el "Grupo Moral" promedio de la actualidad es varios órdenes de veces mayor que en los inicios de la humanidad, pues en ese entonces estaban sólo los miembros familiares y quizás un pequeño grupo de miembros de la tribu local. Aunque de manera normal seguimos teniendo contacto personal con un reducido grupo de personas (incluyendo familiares, amigos y compañeros de trabajo próximos) con cierta intimidad, nuestro grupo moral abarca ahora mucho más gente que quizá nunca lleguemos a conocer personalmente.

¿Que consecuencias puede tener esta nueva conceptualización del paradigma del noble salvaje? El propio Pinker lo pone de este modo:
Cualesquiera que sean las causas, la disminución de la violencia tiene profundas implicaciones. No es una licencia para la complacencia: Disfrutamos la paz que encontramos ahora porque la gente de las generaciones anteriores fue apabullada por la violencia en su tiempo, y lucharon duro para acabar con ella. Por la misma razón nosotros deberíamos seguir luchando por seguir disminuyéndola.

Tampoco es necesariamente un buen fundamento para estar optimistas sobre el futuro inmediato, pues el mundo nunca antes había tenido líderes nacionales que combinaran sensibilidades pre-modernas con armas modernas.
Pero el fenómeno nos obliga a repensar nuestro entendimiento de la violencia.

Lo inhumano del hombre para con el hombre mismo ha sido un tema recurrente para la moralidad. Con el conocimiento de que algo como la violencia ha disminuido dramáticamente, podemos tratarlo como causa y efecto. En lugar de preguntar "¿Por qué hay guerra?" deberíamos preguntar "¿Por qué hay paz?"

Desde el punto en el que los estados cometían genocidios en forma rutinaria y en el que la gente quemaba gatos como diversión, hasta nuestros días, resulta obvio que algo hemos hecho bien.

Y sería muy bueno saber, exactamente, que es lo que hemos hecho bien.

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